Enseñanzas de un santo y otros sonetos religiosos

OSMÁN AVILÉS

Enseñanzas de un santo

 En la fiesta de San Francisco de Asís

 

El mismo hombre que frente a la cruz era

su alma de excelsitud y fiel terneza

tuvo otra aliada en la tenaz pobreza

el amor que vivió de impar manera.

 

Con gran valor domó temida fiera

al renunciar a la mortal riqueza

y en la actitud del santo que bien reza

apostó por la vida verdadera.

 

San Francisco, tus ojos al momento

colorearon el iris, en hermanos

que descubrieron tu obra con sus manos.

 

Y hoy todavía desde el firmamento

tus enseñanzas son como las rosas

que al fraile se abren frescas y olorosas.


Fulgor de Santa Clara

-en el día de su fiesta-

Busca en Dios la pobreza, el amor y la quietud

con Él camina, sigue su andar hacia el calvario

y en el hábito austero, le cuelga su rosario,

ese don de alegría y esparcida plenitud.

 

Heraldina es del mundo y su fulgor nos ofrece

cuando reza callada el destino de la cruz,

defendiendo el Misterio, la vida de Jesús,

un foco de pureza que entre la sombra crece.

 

Su infinita serenidad es para cristianos

la clave que en el alma perfila una sonrisa.

A los cálculos y la doblez hace ceniza,

 

aparta la mentira y el ceño de tono gris...

Una verdad encierra en sus muy preciosas manos:

Santa Clara es hermana de Francisco de Asís.

 

 Señor Jesús, me guardas en tu aljaba

 

Señor Jesús, me guardas en tu aljaba

el corazón lozano y me conduces

por la ribera donde Tú bien luces

la fuerza sobre el mar que desolaba.

 

Al alma que en tu honor su mies alaba

hoy mi Gran Justiciero, seduces

y a la maldad combates, la reduces

tocando de la verdad, su santa aldaba.

 

Porque con tu ternura has venido

tu gracia me devuelve la esperanza:

es la riqueza, absurda para el perdido

 

mundo que del costado, aún es lanza.

La vida está en tu amor y a ella se afianza

de estar eternamente, Dios, contigo.

 

Franciscano

Cuando día tras día visto el hábito,

pienso en la cruz -dolor sin par, sangriento-

y como misionero bien afrento

los catorce guijones que medito.

 

Cuando día tras días visto el hábito,

con Francisco y con Clara amor ostento,

cantando a mis hermanos, dando aliento,

en busca del dulzor por Dios bendito.

 

Arriba, el corazón de luz se inflama:

es el monte Tabor, lugar gozoso;

es el heremitorio, donde me hundo.

 

Abajo, la esperanza aún reclama.

Así, vuelvo al encuentro de este mundo,

a anunciar el Espíritu Coloso.


Fray Juan de Jesús

 

Reza con devoción el franciscano

en la divina celda de un convento,

donde el culto a la cruz es su contento,

puro éxtasis de corazón cristiano.

 

Entre salmodias va su vuelo arcano

repasando su credo con el viento

y fúlgido contempla el firmamento,

esa playa en que Dios puso su mano.

 

Porque su rostro es ya la única calma,

los dones del espíritu él entrega

a parias, gentiles, sierpes y bravos.

 

La más grande pasión está en los clavos

que ceñida con orlas de amor, ruega

al madero traer la luz del alma.

 

Oración a la Virgen de Regla

  Al padre Mariano Arroyo

 

Vengo con esperanza hasta el santuario

para encontrar oh Virgen el consuelo

y sobre esta hora en que el adiós es duelo

se dobla mi tristeza en el sagrario.

 

El invicto hombre frente al adversario

se abandonó al espanto, al cruel desvelo;

como mártir su vida subió al cielo

rezando los misterios del rosario.

¡Virgen de Regla! ¡Virgen tan querida!

Acoge con tu manto su presencia

y la custodia en Dios ya concebida

 

muestre la luz al siervo, cuya esencia

de amor es soberana trascendencia

por la fe que se torna conmovida.

 

Flecha Santa

  A PBL mientras reza la coronilla

 

De noche, ante la cruz de filigrana

de olivo, un sacerdote su breviario

reza cuando las altas horas gana

y es doncel detenido en el estuario.

 

Vela una luz, consagra el relicario,

soledad opalina que desgrana

en gloriosos misterios, tras el diario

memorar de repiques de campana.

 

¡Cuánto misterio su presencia encierra!

Rehusado el corazón a la penumbra

se renueva el clamor en su garganta;

 

esa palabra que hiere, su flecha santa,

es la estación del vórtice que alumbra,

el barreno de Dios sobre la tierra.


Osmán Avilés (La Habana, 1979). Pedagogo, poeta y escritor cubano americano. Estudió una maestría en Artes con concentración en Estudios Hispánicos por la Universidad de Puerto Rico. Es autor de varios libros publicados, entre los cuales se mencionan Los extraños monzones y Serafina Núñez: la verdad amaneciendo, en el género ensayo. Además, los títulos La persistencia de los fragmentos e Interpelaciones pertenecen al género poesía. Entre sus premios se destacan el 3er Premio en el IV Coloquio “…en el Jardín” 2002, Premio de ensayo Luis Rogelio Nogueras 2010 y Premio Ricardo Alegría de la Academia Puertorriqueña de la Lengua 2022. Actualmente se dedica a la docencia y lleva a su cargo el canal de youtube (@osmanaviles), donde realiza análisis de textos poéticos. 

 

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