Cinco poemas de "Memoria"

LIZETTE ESPINOSA

I

No recuerdo el ladrido de los perros,
ni la luz que parpadeaba en la ventana,
y aquel canto que oímos, ¿de qué boca saldría?

Tenía de muñeca una botella que mi madre vestía de gitana,
en la casa había niños,
rompían los cristales de la siesta con sus gritos de niños,
con sus piedras de piedra.

Había un almendro,
sus hojas tapizaban nuestra calle de un murmullo feliz.

Hubo días de sol y de aguacero,
sé que tuve dos hijas, pero nunca un jardín.
Merecí la dicha acaso por un tiempo
y mi regazo supo el peso de la vida, el roce de la prolongación.

¿Pero dónde fue aquello, sobre qué suelo edifiqué esa casa
que se me viene encima con sus muertos en ella?

Recuerdo un río, un puente muy estrecho. Mi padre iba delante,
yo siempre le seguía, detrás este silencio.

  

Las breves regresiones

Todas las vidas
están en ésa que me trajo a tu puerta,
de nada valió el salto, las breves regresiones,
nos debemos el antes y el después,
cruzar juntos el aro de fuego, las edades,
hasta aprender el juego de la revelación.

Padre en la tarde, hermano en la mañana,
sombra sutil en la que te diluyes.

Volveremos, me dices, desde el umbral oscuro.
Serás aire, seré árbol crecido. 

 

Reminiscencias

Uno se busca en los espacios entrañables,

hurga en lo ido, en las reminiscencias

y sólo halla hebras de un ropaje anterior.

 

Uno apaga las luces, las enciende

con la esperanza de las apariciones.

Se ha debido dormir,

o ha muerto y otra vida le persigue.

 

Ha podido perder un tren,

quemar las naves

para que no le sea permitido el regreso.

 

Apostar a no perder más de lo necesario,

recostar la cabeza en el regazo innumerable

jugando a ser el loco,

el huérfano de tierra,

el hermano menor.

 

uno sigue los pasos que pudieron dejar

una huella imborrable

y sólo le conducen al olvido.

  

Las horas

Oigo el paso extraviado,

su andar en círculos buscando una salida,

aquella puerta cerrada e infranqueable,

que procura entreabrir.

 

Puedo amar la blasfemia en su boca,

la maldición que escupe cuando nadie la mira

para apartar de sí la ambigüedad.

Si su mano supiera de la mía

atravesando muros, colocando asideros,

si supiera de su inutilidad

para evitar el quiebre, la inminente rotura,

apartar esa piedra

que cambiará por siempre el curso de los días.

 

Temo al cordón que tira, al brazo lúdico,

a los ojos ausentes que me miran.

 

V

Alguien duerme a mi lado,

es mujer como yo,

lleva puestos mis pies,

yo su pijama.


Lizette Espinosa (La Habana, 1969) Ha publicado los volúmenes de poesía Donde se quiebra la luz (Eriginal Books, Miami, 2015), Por la ruta del agua (El Ángel Editor, Ecuador, 2017), Humo (Bokeh, Nederland, 2019), Lumbre (Plaquette, AlphaBeta, Miami, 2019), Como quien nada teme (Summa, Perú, 2023), traducido al italiano (Come Chi Niente Teme) y publicado por Difelice Edizioni en el año 2025, y Memoria (Círculo de Poesía, México-Perú, 2026). Sus libros en coautoría son: Pas de Deux (2012) y Rituales (2016). Textos suyos aparecen en antologías de España, América Latina y Estados Unidos. Colabora como editora en diferentes blogs y revistas literarias y ha participado en Festivales y lecturas de poesía en Ecuador, Chile, Perú, México, Uruguay, Bolivia, Portugal, España e Italia.  Desde el año 2003 reside en Miami donde se dedica profesionalmente al diseño de ingeniería y agrimensura.

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