Poemas de "No hablemos de la desesperación". Con textos de Felipe Lázaro, Isel Rivero y Pío E. Serrano

JOSÉ MARIO

ARTE POÉTICA (HOMENAJE A ATIS)


a Delfín Prats

Yo te amaba, Atis, una vez hace mucho tiempo.

Safo

No sé ya cómo puede escribirse en poema

Mucho menos un poema tan impresionante como nuestros

sentimientos

Porque nada es parecido ni nada puede serlo ni decirlo ni

descifrarlo

Porque si uno estuviera muerto hubiera muerto y nada más

Pero estamos vivos y todo lo demás son simples justificaciones

de vivo

Todo lo demás somos nosotros tratando de sobrevivir a diestra y

siniestra

Por un poco más de amor o por un poco más de comprensión o

de palabras

O de algún gesto que nos detenga en el tiempo para estar

justificados

Amar la muerte es una forma de traición

Es una forma de arrebatarnos algunas horas de verdadero pavor

e incertidumbre

Es masturbarse con la metafísica

Es preferible masturbarse cuando se ama un cuerpo hermoso e

inaccesible

Es preferible la imaginación la lucha encarnizada

No sé si es posible expresar en un poema:

Uno está tan destrozado –pero tanto- que hasta los actos más

elementales nos son casi imposibles

Los actos que nos fueron tan cotidianos otras veces nos exigen

un esfuerzo aterrador

Es demasiado tarde para volver a la inocencia o al pudor cuando

se ha sido insensiblemente asqueroso

Cuando se ha amado hasta extremos inexplicables o se ha sido

egoísta o se ha sobrevivido de una forma en que convenza en

tan poco a esta elección

El destino (¿deberíamos aceptarlo?)

El amor (para después concebir esa indiferencia que no conlleva

en sí más que un estado religioso)

Con seguridad aspiramos a algo más terrible o sublime

Una catástrofe que se parezca a la muerte

Una catástrofe dentro de nosotros que se llama: la poesía.

Luego cabría preguntarse si estamos perdidos

Si lo hemos estado por fatalidad o por una simple elección

El verso de Safo me ha hecho pensar meses

Pero nos engendramos en contra del tiempo. Nos convertimos

en tiempo:

Tiempo que combate en contra del tiempo

Es lo que yo llamaría la catástrofe mayor. El espanto. Las

noches en vela.

Y los días en que se camina ni siquiera a un sitio imaginable

No hablemos de la desesperación

Estoy más cerca del suicidio que nunca

Estoy más cerca de mí que en ningún momento antes de mi vida

Me siento más capaz de admitir que de comprender y esto es lo

que me hace más temeroso de mis actos

La soledad mordiéndose las manos

Uno comienza por ir destruyendo la realidad para quedarse con

sus sentimientos

Uno termina muy cerca del río de la muerte

A orillas del agua de la muerte que corre

El agua de la muerte: su pavorosa transparencia y su dulzura y

su miseria y su asco y su molicie

Y el cuerpo resplandece porque él quiere justificarse

No quiero hablar de la locura

He luchado a favor y en contra de esos diques

Sólo unos instantes fuera o dentro de la razón (o el suicidio o la

locura)

Las dos formas más temibles de muerte que conozco

Quisiera elegir una de las dos

Quisiera elegirla porque desprecio hondamente la magnitud de

la bajeza humana

Quisiera porque es imposible elegir el espíritu

Sería elegir un subterfugio para marchar al suicidio o a la locura

Quisiera porque uno se ha elegido ya humanamente o lo han

elegido

Y ha probado el veneno y el agrio despertar y el ensueño

Y ha creído en la sabiduría y en la inteligencia

Y en todas esas tonterías por las cuales hemos querido

sobrellevar a toda costa la existencia

Porque tememos no haya más

O

h

d

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s

c

e

n

d

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r        Safo Divina


DANZA DE LA MUERTE

Voces en soplido

No sé por qué jugamos si debemos perder

(nacemos que nacemos requetenacemos)

Salimos todos juntos cogidos de la mano andamos los caminos

Salimos todos juntos mañanas que salimos mañanas que

olvidamos

Salimos sin partir que sale que te sale volvemos a salir:

Habla la locura

señora de sus daños perdida usté en sus puertos parece que se va

mas vuelve cuando menos y llama sin remedio a casa del patrón

el hombre es el patrón de sí mismo y acaba consigo cuando sabe

que no puede esperarla que va por los lugares rogándola y

llamándola

y usted como gran dama se hace esperar.

Habla un hombre

–No tuve sueños. Anduve. Compré todo lo que pude hasta

hartarme.

Tuve casa. Hijos. Ropa, Mujer. Orgasmos. No tuve sueños.

Ardí de noche. Salí a palidecer en el crespúsculo. Consumí el

mar.

Anduve con el sol como quien juega con el miedo de día a

oscuras

cubierto el rostro con la mentira para poder sobrevivir.

Llamé a todas las puertas y no abrí ninguna mientras gritaba

“vengan”

Ninguno quiso. Grité buscando a Dios en mis gritos. Yo

soy vulgar.

Sé que lo he sido. Que como mucho. Orino. Cago. Que tengo el

vientre                                                                    

siempre dispuesto. Que amo el sexo y pongo: dinero engaño

llama guijarro

Que delirio y suave me hallo la vida cuando otra boca exhala

conmigo

palabras con que me estremezco “dámela” y “cómo gozo”

Habla la muerte

–Tu placer no es tu perdición sino mi medio. No creas que

no lo sé.

Por él tú eres mío. Por él es que te consagro estas horas

finales nuestras.

Ven como madera suave. Alza los ojos. Dalos vacíos a que

los beses.

Este es el mayor placer. La más delicia de todas las delicias

esta boca.

Gemirás como nunca en el recuerdo y en la eternidad que

no obtienes.

Habla el olvido

–De todo soy culpable a todo se me llama me invaden las

palabras.


¿QUIÉN VIVE?

En mi dormitorio

cerrado paso a paso: agonizo o me despierto.

Es la imagen de algún desconocido

o la conmiseración de mí mismo

la que me hace pensar en estas paredes blancas

y en las múltiples veces que han muerto en ellas:

palabras o sombras figuras o ademanes desesperados.

Preguntas y deseos caen sobre mi mente

como si aguardara despertar de algo que hace mucho me

atormenta:

¿Cuándo conocí a quién o cuándo me despedí en dónde?

Todo parece tener un sentido que humanizo demasiado.

Lo que sucede o no ha sucedido

desde que tengo uso de conciencia;

y lo que ha de sucederme y trato de no premeditar

para no hundirme definitivamente:

El terror a cada paso, el Instituto, los sollozos y

la muerte ya como sin darnos cuenta y

que ahora lo resume en aquel hombre:

-Era una noche en que mi hermana

había marchado al hospital de parto.

Lo hicieron bajar de un autobús

frente a la puerta de mi casa.

Lo golpearon. Yo estaba herido y sanguinolento.

No tenía pecho ni idea ni medida del odio y el silencio.

Pensé que era una locura salvaje que sólo existe en sueños.

Cerré los ojos y al abrirlos volví a verlos:

Allí –en el centro de la calle–

me supe el crimen la injusticia y la violencia.

Me lo aprendí para sufrirlo y luego

de igual forma me tocó la muerte en lo que amaba;

para saber que hay un dolor tan tenso

que nos arranca el habla y que nos niega

el creer en los demás cuando hemos visto:

Que el hombre al hombre mata

tan sólo porque un signo de violencia lo acostumbra:

a que su gloria y poder son inviolables.


A MODO DE CARTA

Mi capitán, mi amigo,

que en tal dulce amistad comías conmigo.

Lope de Vega


Entre todas las agonías, tal vez aquélla pareció la primera;

pero no, no es ni que se deba, ni que lo hayamos meditado,

aunque nos sobren las injurias,

aunque el tiempo culpable escoja otras maneras para

encontrarnos

-mil tal vez- pero nunca como hará unos años:

los que han pasado y los que deben aún sobresalir,

sobreponerse en nosotros para pensarlos.

El amor no ha vuelto, no volverá, como no volviste tú tampoco.

Se vuelve imposible la conjetura

El silencio que nos separaba en días de desmanes y borracheras

cuando ya no sabíamos qué decir,

cuando sobraba el tiempo como el licor y el deseo

cuando tú aparecías en mi cama para hablar de Ulysses.

La partida se cumplió entre otras cosas

Fue un juego agrio, duro como la noche o la bahía de La Habana

cuando la cruzábamos hacia Regla y yo decía a Michaux;

saliendo de mí al único lugar en que creía encontrar mi libertad

-contigo-

en aquellos días desolados y llenos de alegría

como el verano más triste o el atardecer más completo:

cuando ardíamos o yo te hacía arder

por la simple venganza de estropearte la vida

amándote como nadie lo ha hecho.

Tú estás ahora en Lima como yo aquí y existes,

a pesar de los muertos, las horas que nos separan y la

revolución,

mientras yo lucho por conservarte a pesar de la realidad.


Aunque lo sepa absurdo.

Aunque sepa que el pasado no pertenece a las predicciones

y que ni mucho menos quepa en un concepto esta batalla

perdida para siempre

Sea lo que sea no podré reponerte

Ni tan siquiera recoger comúnmente –por observar las reglas–

lo que crea mejor o más noble.

No, no ha habido zonas de luz o sombras,

al menos me haces el favor y no lo pienses,

tenlo presente como a mí de un solo golpe:

Es preferible exagerar, morirnos, que el lastimoso cuidado,

que la reconciliación amigable.

Del infierno no se retrocede

No hay más allá que aquel que hicimos cotidianamente:

nuestras heridas bien abiertas y nuestra convicción de que así

fuera.

El amor tiene sus maneras y éste tuvo las suyas

Tu viaje no arregló nada sólo deshizo los hilos.

No puede narrarse el dolor, mucho menos aún

aquellos días.

Aquellas horas de ir y venir del aeropuerto a los almendros

ensangrentados de camino:

De ti a lo que parecía tu odio:

(todo el odio de la tierra como una flecha que atraviesa tus

labios).

Pobre de ti

Eras tan pobre que hasta pareció que yo tramaba una conjura.

Tan pobre, que yo me quedé sin la voz de nadie, de pie, de abajo

arriba,

mientras el avión partía y Casimiro habló algo ininteligible.

Pero no, no había que dar mucho de cuenta. ¿No es lo

correcto?

Fue quedando atrás lo que estorbaba: La Crisis de Octubre.

Aquella posibilidad del exterminio que nos aproximó un instante.

Una orquesta tocaba en el salón del hotel Capri “corazón”


Se hizo el amor. Salté en pedazos como si una explosión me

hubiera sacudido.

La guerra y la muerte suelen dotarnos de ese deseo

de supervivencia

Comencé a respirar y hallar el aire entre tu voz y algunas frases

sentados en un banco de la playa de Marianao. En el Chori

y después en “te olvidaré” que cantaba Lucho Gatica

y me dije como que siempre era así y si mal no recuerdo

esas fueron mis últimas palabras:

El día final 9 de diciembre en una habitación del piso 16

del ex Habana Hilton.


PRIMER PEQUEÑO TESTAMENTO

Estoy tan solo como la muerte

Haberlo comprendido me ha hecho poderoso

Las palabras que solemos decir no son las justas

Justas son nuestras acciones que todo lo demuelen

El pasado y mis enemigos me han enriquecido

He aprendido el amor como quien busca cactus espinosos

He llorado la sangre de mis dedos y las heridas me suenan

como una guitarra milagrosa.


INTRODUCCIÓN

“…estos memoriales de piedra edificada…”.

T. S. ELIOT


Este año se cumplirán 24 años de la muerte del poeta y editor cubano José Mario (1940-2002) en su exilio español. 

En su trayectoria editora, fundó las Ediciones El Puente en La Habana (1961-1965) y en Madrid (1970-2000). Además, en la capital española, creó otro sello editorial que denominó La Gota de Agua y publicó la revista literaria Resumen Literario El Puente (1979-1988).

José Mario en La Habana revolucionaria

En 1959 ingresó en una convulsa -y extremadamente politizada- Universidad de La Habana, donde comenzó a estudiar Filosofía y Letras, además de Derecho. Estudios que abandonaría en 1962 para dedicarse por completo al mundo editorial y a la farándula capitalina.

 Con veinte años publicó su primer poemario El Grito (1960) en una editorial oficialista, la CTC-Revolucionaria, e ingresó en la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) invitado por Nicolás Guillén.

 En 1961, a su ya reconocida faceta de poeta iconoclasta y bohemio habanero, sumó su labor de editor independiente –en una Cuba donde toda la economía comenzaba a estatalizarse– y, por este hecho fundacional, ha pasado a la historia cultural y literaria cubana como uno de los fundadores del sello de las Ediciones El

Puente y su directivo más conocido hasta su clausura en 1965. Cuando el régimen castrista cierra su casa editora, unas de las pocas editoriales independientes que quedaban entonces, José Mario es internado en un campo de concentración en la provincia de Camagüey, junto a miles de jóvenes cubanos, en lo que se ha denominado como el gulag cubano.

 En 1968 es deportado de Cuba, en un periplo kafkiano, vía tres ciudades europeas: Praga (con su primavera esperanzadora, truncada por los tanques soviéticos), París (la masiva revuelta de universitarios) hasta llegar a su querido Madrid, donde los estudiantes y trabajadores se manifestaban contra la dictadura franquista.

En su vitalicio exilio madrileño

Después de residir un año en Nueva York, otra ciudad que amó, se instaló definitivamente en España y reinició su labor editora en el destierro madrileño de los años 70, fundando, otra vez, las Ediciones El Puente, aunque de una forma artesanal, más cultural que comercial. Los dos primeros títulos de esta aventura espa- ñola, publicados en 1970, ya forman parte de la historia literaria cubana: No hablemos de la desesperación, de su autoría, y un indudable rescate Lenguaje de mudos del poeta cubano Delfín Prats, libro ganador de un premio oficialista en Cuba (1968), su edición habanera fue censurada, secuestrada y hecha pulpa. Am- bos libros fueron –y son– una denuncia contra la atrocidad del oficialismo cultural cubano y un logro porque burlaron la censura totalitaria castrista.

 Además, el autor de El Grito, publicó en La Gota de Agua el poemario Provocaciones (1973), de Heberto Padilla, y tres li- bros de poesía de su amiga del alma, y compañera de dirección de El Puente habanero, Isel Rivero: Nacimiento de Venus, Águila de hierro (ambos de 1980), y El banquete (1981).

 Algo poco reconocido es que su mayor proyecto y logro editorial

–por el tremendo esfuerzo y dedicación que ello representó fue publicar nada menos que 50 números de la revista Resumen Literario El Puente con un Comité de Edición presidido por Reinal do Arenas, Roberto Cazorla, Luis Cartañá, Rolando Morelli, Arminda Valdés Ginebra, Benita C. Barroso, Paul D’Alba y Felipe Lázaro; según se lee en el último número de esa revista. 

Esta labor de editor fecundo (libros y revista) fue posible gracias a la desinteresada ayuda de varios mecenas cubanos, como: Wal- do Balart, Pancho Vives y Víctor Batista Falla, entre otros, pues financiaron varios de esos proyectos editoriales de José Mario.

Los poetas nunca mueren, renacen

Indudablemente, esta ingente labor cultural, tanto en La Habana como en Madrid, como poeta y editor cubano, lo hacen mere- cedor de esta tercera edición (digital y gratuita) de su poemario más emblemático No hablemos de la desesperación. Esta entrega representa nuestro más sincero homenaje al amigo José Mario, por su gran labor de difusión de la poesía cubana (insular y des- terrada).

Esperamos que este libro circule por la Isla –y su exilio– para que las nuevas generaciones cubanas (de dentro y de fuera) puedan leer sus versos. Como señalaba nuestro Gastón Baquero: “Nada puede secar el árbol de la poesía”.

Si bien es recordado por su reconocida bohemia habanera y ma- drileña, sus chispeantes anécdotas y su carácter contestatario, José Mario es algo más y ya ha trascendido a su tiempo para convertirse en uno de los poetas cubanos más consecuentes del pasado siglo XX: por su obra poética y el desparpajo de su con- tagiosa cubanía.

Felipe Lázaro Enero, 2026.


Felipe Lázaro (Güines, 1948). Poeta, narrador y editor cubano. Licenciado  en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid. Graduado de la Escuela Diplomática de España. 

En 1987 obtuvo la Beca Cintas y fundó la Editorial Betania en Madrid. Desde 2019 es miembro de la Academia de la Historia de Cuba en el exilio. En 2002 le fue concedido el Premio EL TITÁN, otorgado por el Centro Cultural Cubano de Nueva York, por su labor editorial y trayectoria literaria.

 Sus últimos títulos publicados son: Al pie de la memoria. Antología de poetas cubanos muertos en el exilio, 1959-2002 (2º edición, 2026), Indómitas al sol. Cinco poetas cubanas de Nueva York (2º edición, 2025), el libro de relatos Invisibles triángulos de muerte. Con Cuba en la memoria. (2º edición, 2025), Poesía Cubana: La Isla Entera. Antología (2º edición, 2024), la antología poética Tiempo de exilio (4º edición, 2021) y Conversaciones con Gastón Baquero.

Entierro de José Mario en Madrid (Cementerio de Carabanchel, 2002): De izquierda a derecha: Isel Rivero con un ramo de flores, Waldo Balart con bastón, David Lago (detrás, aunque no se ve, está Helen Díaz Argüelles), Felipe Lázaro, Pío E. Serrano y Andrés Lacau. De espalda una amiga y vecina de José Mario. Foto de Victoria Sanz Vélez.

UNAS PALABRAS A MODO DE PRÓLOGO 

Antes de leer estas palabras, es de rigor leer la Nota que escribió José Mario Rodríguez a la segunda edición de este poemario. Así evitaremos repeticiones que tendría que hacer y comprende- remos mejor el contexto de estos poemas y aquellos que quieran profundizar en esta historia pueden consultar como referencia mi artículo en la Revista Zero, “El antes y el después de las edi- ciones El Puente”, no. 83, 2005, Madrid. Felipe Lázaro, editor, incluye también una bibliografía en la presente edición.

Conocí a José Mario en La Habana cuando en Lunes de Re- volución se había publicado mi carta en la cual protestaba por  el caso omiso que hacía la dirección de dicho semanario a los jóvenes creadores que ya comenzaban a aflorar inspirados por los cambios políticos que se sucedieron en la isla en los años 1959-1960. José Mario me buscó y hubo una inmediata sinto- nía afectiva y creativa entre los dos. Nos adoptamos mutuamente como hermanos. De ese encuentro surgió El Puente que pre- tendía precisamente unir y publicar a escritores y escritoras de nuestra generación. Las primeras publicaciones de El Puente fue- ron simultáneamente El Grito de José Mario y mi poemario La Marcha de los Hurones en 1960. La misma tarde en que salieron de la imprenta fuimos los dos a la Sociedad Nuestro Tiempo a escuchar una charla de Carlos Franqui sobre sus impresiones de un viaje a la Unión Soviética y distribuimos allí ejemplares de los dos títulos.

No hablemos de la desesperación publicado en España en el año 1970 y reeditado en 1983 sigue a los dos títulos anteriores El Grito y De la espera y el silencio, este último que me fue dedi- cado es un libro de despedida, yo ya había partido de la isla, está escrito por el poeta que aún espera que se abran posibilidades, espacios, dentro de la susodicha revolución para creadores mucho más jóvenes que los ya consagrados. Aquí debo hacer un paréntesis. En realidad, la nomenklatura cultural en la isla nunca permitió respirar a esos que entonces se consideraban consagra- dos, a los integrantes del Grupo Orígenes, José Lezama Lima, Josefina “Fina” García Marruz, Cintio Vitier, Virgilio Piñera, a los que les siguieron, por ejemplo, el novelista y crítico de cine Guillermo Cabrera Infante y los que participaban en el Semana- rio, Lunes de Revolución, quienes cayeron posteriormente en desgracia o se exiliaron, incluyendo al mismo director del perió- dico Revolución, Carlos Franqui.

Releyendo No hablemos de la desesperación constato que es el testimonio del más intenso dolor, dolor ante la deshumanización de la sociedad que ya carcomía a la Isla y el desgarramiento de una relación amorosa interrumpida. Este libro viene a fundir dos experiencias críticas en la vida del poeta, por un lado, la infamia del sistema político que aisló y persiguió en un acto de limpieza no étnica si no de moral estalinista creando los campos de reedu- cación y trabajo UMAP y, por otro, la separación del amante. Los textos se entremezclan con imágenes extraídas de la memoria adolescente y la confrontación posterior al horror de una feroz dictadura en la madurez. Os invito a entrar de lleno en el primer poema de este libro dedicado a Delfín Prats, otro proscrito, y proseguir al último que es coda definitiva al conjunto testimonial de unos años vividos al límite. Una vez hecho esto, procedan   al transcurso de estrofas, versos oníricos, cubistas en las imáge- nes, dislocados en los recuerdos. José Mario no salió ileso del internamiento en la UMAP y la posterior persecución, llevó esas heridas abiertas hasta la muerte en Madrid en el año 2002. Que- dan aún tres obras inéditas Swami y otros cuentos, la novela La Contrapartida, sobre su internamiento en la UMAP, y el libro de ensayos Crónica, crítica, y revolución cubana.

Es sorprendente que con las primeras dos ediciones de este poe- mario, en las ediciones El Puente (Madrid, 1970 y 1983) no hubiera una reacción de rechazo al régimen cubano de parte de la intelligentsia española ante la represión ejercida por el dictador Fidel Castro. Aún hoy después de más de 60 años de dictadura son pocos los que confrontan el capítulo más tenebroso y la pos- terior desintegración de un proceso pseudo revolucionario. Hablamos quizás de perpetua impunidad.

Por mi parte, quisiera rendir tributo tanto a José Mario como a Ana María Simo y Reinaldo García Ramos (Reinaldo Felipe) por haber incluido fragmentos de mi libro contestatario La marcha de los hurones en su Novísima Poesía Cubana de 1962, arriesgándose a las represalias del sistema.

Isel Rivero Madrid, 21 de enero de 2026

Isel Rivero (La Habana, 1941). Poeta cubana, perteneció al grupo de los “no- vísimos”, que tuvo su auge después del triunfo de Revolución en 1959, alre- dedor de las Ediciones de El Puente. Poemas suyos fueron seleccionados en   la antología Novísima Poesía Cubana (La Habana, 1962) de Reinaldo García Ramos y Ana María Simo. En Cuba, editó dos poemarios: Fantasía de la noche (1959) y La marcha de los hurones (1960), año que salió de la Isla y comenzó su destierro.

Ya en el exilio, publicó: Tundra (1963), Songs (1972), Águila de Hierro (1980), Nacimiento de Venus (1980), El bnquete (1981), Relato de un horizonte (2003), Las noches del cuervo (2007), Las palabras son testigos / Words are Witnesses. Poemas inglés-español (2011), De paso (2011), El jardín hambriento (2016)  y Polaris, primera antología (2021). Residió en Viena, Nueva York y, actual- mente, en Madrid.


EPÍLOGO

HABLAMOS DE LA DESESPERACIÓN

Entre 1960 y 1961 conocí a José Mario en la casa de Josefina Suárez Serrano, en San Lázaro esquina a Infanta. Allí acostum- braban reunirse algunos de los que se integrarían al proyecto lite- rario El Puente. Entre otros, la jovencita santiaguera Belkis Cuza y las habaneras Lillian Moro y Nancy Morejón; Reinaldo García Ramos (todavía no Reinaldo Felipe) y Georgina Herrera, aquella mujer llena de pasión poética, y el dramaturgo Gerardo Fulleda y el matancero Rogelio Martínez Furé de temprana sólida forma- ción y que nos revelaba el universo de la cultura yoruba. A esas alturas Isel Rivero ya estaba fuera de Cuba. Y pasaron diez años.

En 1970, año en que llega a España, José Mario (1940-2002) se implanta en Madrid, como quien llega a tierra extraña, y clava como estandarte de identidad veintidós poemas como aullidos, memoria de una Habana, sus bares, esquinas, la bahía e intermi- nables noches y amaneceres, el hociqueo de la muerte, del amor estropeado en sus calles, en fin, hablemos de la desesperación…, “una catástrofe dentro de nosotros que se llama: la poesía”. Ese primer año en Madrid rescata y publica por última vez bajo el sello de Ediciones El Puente (1961-1965) el puñado de poemas escritos entre junio de 1965 y agosto de 1967, No hablemos de la desesperación.

Expulsados el autor y su editorial por una revolución devenida en régimen autoritario, borrados de los diccionarios, perseguidos por irreverentes y heterodoxos, culpables de haber conciliado una veintena de jóvenes escritores sin hacer distingos de raza, sexualidad, estilos literarios o compromisos ideológicos, forza-

dos algunos al exilio, otros al trabajo obligatorio en campos de concentración (UMAP), en 1970, recién instalado en el exilio, José Mario se dispone a refundar el proyecto vital que lo había alimentado hasta entonces.

El único libro publicado en España bajo el sello de El Puente será No hablemos de la desesperación, inédito hasta 1970, si bien al- gunos de sus poemas integrantes fueron publicados en revistas literarias de Cuba y el extranjero. Escrito con posterioridad a El Grito (1960) –publicado a la vez con La marcha de los hurones, de Isel Rivero–, un libro unitario compuesto por X poemas rebel- des, de versos cortos, impregnados de una voluntad socavadora, de una dicción atropellada, ignífera; No hablemos de la desespe- ración nos devuelve al poeta desosegado, inquieto siempre por la desazón existencial, aposentado ahora en el versículo reflexivo, como en algunos de sus más hermosos poemas cargados de una intensa humanidad, de una profunda intimidad dolorida y serena: “Arte poética en homenaje a Atis”, dedicado a Delfín Prats, y “A modo de carta”. Cuando no, mordido por la melancolía re- cupera a aquel niño que habla de la muerte como si no existiera (“Ángel”) o al evocar a la abuela que pone el amor sobre la mesa para que acudan todos. Otros poemas crecen alimentados por el transtierro, desde donde recupera una ciudad, La Habana, con sus ángeles y demonios; inquisitivo dialoga con la Muerte y deja correr la memoria…

Adolescente ardiente como Rimbaud, cuando muchos se empe- ñaban en cantar a un renacido optimismo, a un solidario presente, venía el aguafiestas a importunar el jolgorio. En una nota a la segunda edición (1983) escribió José Mario:

[estos poemas] “aquí están ya liberados de aquellos cerro- jos históricos, por sí mismos, tal y lo que son: la expresión de un ser humano al que trataron de arrebatarle la identi- dad. Un recuento poético que señala el principio del fin de mi adolescencia”.

Pío E. Serrano Febrero, 2026.

Pío E. Serrano (San Luis, 1941). Poeta y editor cubano. Fue profesor del Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana. Salió de Cuba en 1974, rumbo a Madrid donde trabajó en la madrileña Editorial Playor hasta 1991 cuando fundó, con Aurora Calviño, la Editorial Verbum.

Autor de los poemarios: A propia sombra (1978), Cuaderno de viaje (1981) Segundo cuaderno de viaje (1987) y Poesía reunida (1987). Poemas suyos se incluyeron en la antología Segunda novísima de poesía cubana, de José Mario, pero no fue publicada al cerrar el régimen castrista las Ediciones El Puente en La Habana de 1965.

Insularis Magazine le agradece a la Editorial Betania y a su editor, Felipe Lázaro, por poner a su disposición estos textos publicados en la tercera edición del poemario No hablemos de la desesperación, de José Mario.

Para acceder a esta edición digital gratuita puede descargar y leer en el blog ebetania:

https://ebetania.wordpress.com


José Mario. Nació en 1940, en Güira de Melena, un pueblo al sur de La Habana, donde terminó sus estudios primarios y secundarios. Estudió en la Universidad de La Habana desde 1959 a 1962.

Como fundador de las Ediciones El Puente (La Habana: 1961- 1965), dirigió este grupo generacional que reunió al primer movimiento cultural independiente dentro de la Revolución, de jóvenes escritores, sin pasado literario ni político. Poemas suyos fueron publicados en las revistas literarias cubanas La Gaceta de Cuba y Unión (La Habana, 1963-1966) y realizó recitales de poesía en el club El Gato Tuerto de la capital cubana en 1964.

Detenido e interrogado  innumerables  veces,  sobre  todo  tras la visita del poeta norteamericano Allen Ginsberg a Cuba, fue internado en las Unidades Militares para la Ayuda a la Producción (UMAP) y, posteriormente, en la prisión militar de La Cabaña.

En Cuba publicó siete poemarios: El Grito (1960), La conquista (1961), De la espera y el silencio (1961), Clamor agudo (1962), A través (1962), La torcida raíz de tanto daño 1963), Muerte de amor por la soledad (1965) y el libro de teatro infantil Quince obras para niños (1961 y 1963), producto de su trabajo para el Consejo Nacional de Cultura de Cuba.

Abandonó su patria en 1968, después de una prolífica labor literaria como poeta y editor en la isla, y se instaló en España, donde continuó sus actividades culturales con la creación madrileña de las Ediciones El Puente y de otra casa editora, La Gota de Agua. Además de la publicación de la revista literaria Resumen Literario El Puente. En Madrid, realizó recitales de su poesía, como el “Experimento poético musical” (1981). Desde entonces, no dejó de colaborar en diversos medios, como: Mundo Nuevo (París), Exilio, Mariel, Vanguardia, La Nueva Sangre, Noticias de Arte (Nueva York), El Gato Tuerto (San Francisco) Poesía Española, La Burbuja, Doña Berta, La Prensa del Caribe y la Revista Hispano Cubana (Madrid). Obtuvo, por dos años consecutivos, la Beca Cintas; otorgada en Nueva York (1972- 1973 y 1973-1974).

En el exilio publicó seis libros de poesías: No hablemos de la desesperación (1970 y 1983), Falso T (1978), Dharma (1979), Oración a San Lázaro. Babalú-Ayé, Príncipe de Betania (1980),

13 poemas, 1973-1987 (1988) y El Grito y otros poemas. Antología (2000). Un año después de su fallecimiento, se publicó en una separata Dos poemas inéditos, In Memoriam (Betania, 2003), con introducción de León de la Hoz.

Su poesía ha sido seleccionada en las antologías: Novísima poesía cubana (La Habana, 1962), Antología de la casi novísima poesía cubana (Granada, 1970), La última poesía cubana (Madrid, 1973), Homenaje a Ángel Cuadra (1981), Homenaje a Juan Ramón Jiménez (1981), Homenaje a Luis Camoens (1981), Poesía Cubana Contemporánea (1986), Poetas cubanos en España (1988), Poesía cubana: La Isla Entera (1995 y 2024), Antología de la poesía cubana (Volumen IV, 2002), Poemas cubanos del siglo XX (2002) y Al pie de la memoria. Antología de poetas cubanos muertos en el exilio, 1959-2002 (2003 y 2026).

Su nombre aparece en: Bibliografía crítica de la poesía cubana (1973) de Matías Montes Huidobro y Yara González, Índice Bibliográfico de autores cubanos. Diáspora, 1950-1979 (1983), Escritores de la diáspora cubana. Manual Biobibliográfico (1986) de Daniel C. Maratos y Marnesba D. Hill, Diccionario Biográfico de Poetas Cubanos en el exilio (1988) de Pablo Le Riverend y La Literatura cubana del exilio (2001) del Pen Club de escritores cubanos del exilio.

Publicó un libro de ensayo: Ideas sobre Cuba y su futuro: El microcosmos de Miami (1979). Dejó inéditos el libro de relatos Swami y otros cuentos, la novela La Contrapartida y el libro de ensayos Crónica / Crítica de la Revolución cubana.

Falleció en Madrid y está enterrado en el cementerio de Carabanchel. En su sencilla tumba se puede leer:

José Mario Rodríguez (1940 – 2002)

Poeta

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