Breve discurso del purgatorio y otros poemas
RAFAEL BORDAO
BREVE DISCURSO EN EL PURGATORIO
Aquí en las entrañas de la capital del mundo
en las tripas rechinantes de esta olla de grillos
dentro de este incesante conjuro universal
donde el sueño es un vestigio milenario que trafica
la embriaguez perfumada del peligro;
aquí donde todos somos versátiles y espurios
huérfanos de este inmaculado y artesanal bamboleo
donde el furor cobija la lujuria del pecado
y los ahijados del ratero riñen con el libertino
a cambio de alcanzar la inconsistencia del humo.
Desde este insondable lavadero de quimeras
donde todos somos un átomo de espejismo
una febril doncella inmedicable en un diván
un género de animal acorralado en lo oscuro
que busca en su precariedad la celeste inspiración;
desde este estridente y espléndido firmamento
en cuya expedición todos viajamos con escalofrío
divididos y esquilmados entre espasmos y sudores
nos alivia darnos cuenta que hay corazón en el ocio
del solitario que descifra la añagaza de los dioses.
ÁNGELES ROTOS Y DEMONIOS EDUCADOS
He vivido entre ángeles rotos
criaturas que alguna vez brillaron,
pero que ahora caminan con las alas hechas trizas
como vitrales quebrados que recuerdan la luz.
Y también he sobrevivido a demonios educados,
expertos en sonrisas corteses,
en palabras que acarician mientras te hunden,
en cerrar puertas con la elegancia
de quien firma una sentencia sin mancharse las manos.
Durante años pensé que era yo
quien estaba fallando,
pero un día lo vi con claridad brutal:
las almas que me rodeaban
ya venían rajadas desde la niñez,
heridas que nunca cicatrizaron
y que buscaban arrastrar a otros
al mismo pozo donde aprendieron a respirar.
Me emboscaron con su tristeza afilada,
con su miedo disfrazado de consejo,
con su mediocridad envuelta en cariño.
Querían que yo también me arrodillara,
que me quedara pequeño,
que no sobresaliera del rebaño
que avanza sin mirar el cielo.
Pero algo en mí ardió.
No sé si fue rabia,
o memoria,
o una voz antigua que se negó a morir.
Comprendí que jamás podría ser
el que soy ahora
si me quedaba entre ellos,
si aceptaba su sombra como destino,
si dejaba que sus fracturas
decidieran mi forma.
Así que incendié el silencio.
Quemé la culpa heredada,
las cadenas invisibles,
las expectativas ajenas.
Y mientras todo ardía,
mientras los ángeles rotos
y los demonios educados
retrocedían ante la luz que no esperaban,
yo me levanté.
No como un elegido,
sino como un sobreviviente
que por fin entiende
que la libertad empieza
cuando uno irrumpe en lo prohibido
para arder.
LAS TROMPETAS DEL APOCALIPSIS EN CUBA
Y ocurrió en los días postreros
cuando la isla estaba cubierta
por un silencio más pesado que el plomo
se abrió el cielo sobre el Malecón
como una página antigua
que por fin decide revelarse.
Entonces sonó la primera trompeta
y su voz era como un trueno detenido
desde el Génesis.
Las aguas se agitaron
los peces se volvieron retratos
y en cada reflejo se veía
el rostro pordiosero del pueblo
implorando justicia.
La segunda trompeta cayó sobre la tierra
como un juicio riguroso y brutal.
Los árboles secos del campo
se estremecieron de gozo
y de sus ramas brotaron nombres olvidados
nombres de los que murieron sin tumba
nombres que el viento repetía
como un salmo prohibido.
La tercera trompeta abrió los cielos.
Una estrella ardiente descendió
sobre los edificios ruinosos
y su luz reveló lo que estaba oculto:
los templos del miedo
los altares del poder
las sombras que se alimentaban
del pan que faltaba en las mesas.
Y la estrella dijo:
“Todo lo que fue levantado con mentira
será devuelto al polvo”.
La cuarta trompeta hizo temblar el aire.
Los muros escucharon la profecía
las rejas escucharon la rebelión
los sótanos escucharon el estertor.
Y en cada rincón donde hubo un grito,
brotó un resplandor.
Y en cada resplandor
nació un ojo de luz.
La quinta trompeta fue la más terrible
y la más hermosa.
Su sonido atravesó la isla
como un río de fuego astral
y los que habían vivido de rodillas
se levantaron como un solo cuerpo.
Los que habían callado
hablaron con voz de trueno.
Los que habían sido dispersados
regresaron como un ejército de salvación.
Y la dictadura cayó en el abismo
no como caen los reinos poderosos
sino como cae la noche derretida
cuando el sol decide volver...
Sin gloria
sin potencia
sin retentiva.
Entonces se abrió un libro
que nadie recordaba haber escrito
y en sus páginas estaba la isla
resucitando entre las cenizas
como una Jerusalén del Caribe
que por fin despierta
de su largo cautiverio.
Y las trompetas callaron.
Pero su eco quedó vibrando
en el corazón del pueblo
como un escalofrió de fantasma
como un amanecer inmaculado
con la confianza de que la luz
cuando regresa de la inmundicia
no vuelve jamás al silencio.
EPITAFIO APOCALIPTICO Y SATIRICO DEL SOCIALISMO
Aquí yace, por fin,
el Gran Proyecto del Amanecer Eterno
convertido en un bulto de ceniza húmeda
que ni los cuervos quieren picar.
Murió de exceso de futuro
de tanto prometer mañanas
que nunca llegaron
de tanto anunciar el Hombre Nuevo
mientras fabricaba, en serie,
fantasmas obedientes.
Aquí descansa el socialismo
ese profeta con altoparlante
que gritaba “¡Liberación!”
mientras contaba los huesos
de los que no aplaudían.
Se desplomó entre vítores obligatorios
como un dios cansado
que olvidó apagar la maquinaria del miedo.
Sus templos se oxidaron
sus himnos se volvieron chistes
sus héroes, caricaturas con medallas de hojalata.
El Apocalipsis no vino del cielo:
vino de sus oficinas
de sus comités eternos
de sus vigilancias fraternales
que olían a moho y a sospecha.
Aquí yace, pues,
el sistema que juró salvarnos
y terminó exigiendo sacrificios
como un carnaval de dioses hambrientos.
Que nadie lo llore:
sus ruinas hablan solas.
Que nadie lo resucite:
ya tuvo demasiadas vidas.
Si algo queda de él
que sea esta advertencia grabada en piedra:
cuando un poder promete el paraíso
es porque ya ha elegido
quiénes serán los condenados.
LOS PÁJAROS NO TIENEN PATRIA
Desde esta tierra prestada, donde el idioma se me derrama en la boca como un remedio extraño, miro hacia arriba. Los pájaros cruzan el cielo sin licencia, sin mostrar pasaporte, sin saber de fronteras. Pero ellos sí saben de mí. Me dibujan desde el aire, como si sus alas fueran lápices de humo, como si sus vuelos trazaran sobre mi cuerpo la silueta de lo que fui antes del desarraigo.
No me vigilan, me calculan. Me recuerdan, me corrigen y me devuelven a una infancia que no cabe en esta ciudad nueva, donde los árboles no conocen mi nombre. A veces, uno baja en picada, roza el aire cerca de mí, y en ese gesto hay algo más que vuelo: hay juicio, hay ternura, hay una pregunta que no sé responder.
Los pájaros no tienen patria, pero reconocen el dolor del que ha perdido la suya. Me dibujan con trazos de madre llamando desde una ventana que ya no existe, con el perfil de un niño que corría sin saber que corría hacia el exilio. Y yo, que ya no soy del lugar donde nací ni del lugar donde respiro, me dejo dibujar. Porque quizás, en uno de esos trazos, en uno de esos vuelos, esté el camino de regreso. No a la tierra, quizás, pero sí a mí mismo.
Rafael Bordao, Ph.D. (La Habana Vieja). Poeta, escritor, editor, profesor y exiliado cubano. Estudió por extensión universitaria cursos de Periodismo, Historia de la Literatura, francés y Apreciación de las Artes Plásticas, entre otros. Obtuvo dos Maestrías y un doctorado en el Teachers College de la universidad de Columbia en New York City. Su obra poética ha recibido numerosos premios nacionales e internacionales. Es autor de los poemarios: Proyectura; Acrobacia del abandono; El lenguaje del ausente; El libro de las interferencias; Propinas para la libertad (Primer Premio / Premio Internacional de Poesía «Poeta en Nueva York» 1997; Los descosidos labios del silencio, Los despojos del sueño / The Debris of Dreams y Escurriduras de la soledad / Last Drops of Loneliness. Su poesía ha sido publicada en más de 60 antologías en inglés, español, francés y portugués, y en numerosas revistas literarias de Estados Unidos, Hispanoamérica y Europa. Su libro de crítica social, La revolución de Castro: Un aborto perfumado, se publicó en Colombia en 1999 al cumplirse 40 años del ego castrismo en Cuba. En 1998 fue honrado en el Teacher’s College de la Universidad de Columbia de New York, como «Homme de Lettres» (Medalla de plata y Diploma) de la Academia de Arts-Sciences-Lettres de Francia, y ese mismo año fue el ganador del Premio Internacional, “Fernán Esquío”, con sede en Galicia, España. Sus poemas han sido parcialmente traducido al inglés, francés, italiano, portugués y hebreo. Su tesis doctoral en Columbia University, La sátira, la ironía y el carnaval literario en Leprosorio (Trilogía Poética) de Reinaldo Arenas, fue seleccionada y publicada en el 2002 por la editorial norteamericana, The Edwin Mellen Press. Fundó y dirigió en Nueva York las revistas literarias internacionales: La Nuez (1988-93) y Sinalefa (2002-2014). Su libro El polvo del torbellino (Antología poética) se acaba de publicar (2023) en la editorial Betania (en ebook) y en Obsidiana Press. Ha ofrecido talleres de poesía y ha sido invitado a dar conferencias y a leer sus poemas en diferentes universidades, bibliotecas, y en la icónica Biblioteca del Congreso en Washington, D.C. Enseñó Español, Español Conversacional y Cultura y Literatura Hispánica en Columbia University, Saint Peter’s College, Mercy College, Montclair University, y en las escuelas públicas de Nueva York, de donde se jubiló en el 2014. En la actualidad reside en el sur de la Florida.

