Un plan maestro para La Habana

ILEANA PÉREZ DRAGO

    En las últimas décadas ya no hay que argumentar ni convencer a la sociedad sobre la importancia del Patrimonio Arquitectónico, tanto a nivel cultural como en el marco económico. Quedaron atrás los años en que muchos centros históricos en Latinoamérica se demolían parcialmente siguiendo los conceptos del Congreso Internacional de Arquitectura Moderna que lideraba el maestro Le Corbusier.

Pero antes de entrar en el tema actual sobre la reconstrucción de La Habana, hagamos un poco de historia sobre los períodos en que La Habana acogió las principales transformaciones urbanísticas.

Comencemos por la época colonial:

-       El primero, durante el mandado del Marqués de la Torre, Capitán General entre 1771 y 1781. En esa década se remodela la Plaza de Armas y  se construye el Palacio del Capitán General, también el Paseo del Prado, en extramuros y el paseo de la Alameda de Paula y en la misma zona el primer Teatro de la Comedia, en intramuros. Además se construyen la cárcel, puentes en puntos estratégicos como Puentes Grandes y Cojímar, se concluyeron el Castillo de Atarés y la Fortaleza de La Cabaña y se inició el Castillo del Príncipe. A nivel de ciudad se impulsó la pavimentación de las calles, el alumbrado público y la limpieza de la ciudad.

Paseo del Prado antes de 1925.

-       El segundo, durante el mandato del General Miguel de Tacón, Capitán General entre 1834 y 1838. En este período se produje una fuerte rivalidad entre el Capitán General Tacón y el Conde de Villanueva, Superintendente General de Hacienda en la Isla, que controlaba las finanzas. De esta rivalidad sale beneficiada la ciudad dado que ambos pretendieron adjudicarse la mayor cantidad de proyectos. Tacón representaba el férreo poder español y Villanueva representaba a la oligarquía criolla ilustrada. Mientras uno construía el Teatro de Tacón, el Paseo de Tacón (actual Ave. Carlos III), el Mercado de Tacón (luego Plaza del Vapor), la nueva cárcel y la conducción del agua en tuberías de hierro sustituyendo la abierta y, por tanto, insalubre, Zanja Real. Mientras, Villanueva, entre muchos otros proyectos, se dedicaba a gestionar la construcción del primer ferrocarril de la corona española, incluyendo España e Iberoamérica, el tramo Habana-Güines, en 1837. Uno de sus proyectos más importantes fue la construcción de la Estación de Villanueva en el terreno que hoy ocupa el Capitolio Nacional.

-       El tercero, durante el último tercio del siglo XIX. Está relacionado con demolición de la muralla que había comenzado en 1964. La urbanización del llamado Reparto Las Murallas supone una continuidad de las tradiciones arquitectónicas con un aumento en la escala de los edificios.

Paseo de Tacón (luego Paseo Carlos III) 1834-1838.

No relacionada con estos tres momentos de transformación urbana, pero considerada la obra más importante del siglo XIX, debemos mencionar el diseño y construcción del Acueducto de Albear. Aunque es una obra de ingeniería hidráulica, tuvo una importancia capital en la calidad de vida de la población. Su construcción duró 32 años, entre 1861 y 1893. El proyecto del ingeniero Francisco de Albear y Lara funciona por gravedad, aprovechando una diferencia de 2 metros de altura en todo su recorrido de 9km y fue premiado con la Medalla de Oro en la Exposición Universal de Paris en 1878.

Ya entrados en el siglo XX hay dos proyectos urbanos importantes que se contratan a urbanistas extranjeros, durante las dictaduras de Gerardo Machado y Fulgencio Batista:

-       Plan Director de Forestier (1926-30) del cual se ejecuta la remodelación del Paseo del Prado y espacios ajardinados hasta el puerto, los exteriores del Capitolio y el Parque de la Fraternidad. Jean-Claude Nicolas Forestier, arquitecto paisajista francés, llegó a la Habana en 1925 invitado por el ministro de Obras Públicas Carlos Miguel de Céspedes. Consagrado por sus trabajos en París, Barcelona y Sevilla, tuvo entre sus colaboradores locales al prestigioso arquitecto cubano Pedro Martínez Inclán. Forestier propuso una nueva ubicación para el edificio de gobierno: La Plaza Cívica (en la loma de los catalanes, luego Plaza de la Revolución. La Plaza se conectaría con grandes avenidas radiales. Aunque la ejecución de ese conjunto tuvo que esperar a la década de 1950.

Plan de Forestier. Paseo del Prado después de 1930.

Plan Piloto de Sert.  (1955-1958). En 1955 el gobierno de Batista crea la Junta Nacional de Planificación y contrata a la compañía Town Planning Associates  para realizar un plan urbanístico para La Habana. Esta empresa había sido creada por el catalán Josep Lluis Sert y el alemán Paul Lester Wiener en Estados Unidos, donde ambos residían. La compañía pretendía desarrollar proyectos urbanos en Iberoamérica y tras una gira de conferencias realizadas por Weiner logran varios contratos. Llegan a La Habana después haber trabajado entre 1948 y 1955 en Colombia, desarrollando Planes Piloto para cuatro ciudades: Tumaco, Medellín, Cali, Barranquilla y Bogotá. En esta última ciudad forman equipo con el maestro Le Corbusier, que fue contratado para realizar el Plan Piloto de Bogotá en 1950. Este ambicioso plan finalmente no fue ejecutado por no tener apoyo de los diferentes sectores sociales dada su desconexión con la cultura y la forma de vida de los colombianos. Ha sido considerado importante por la aplicación de un sistema para analizar la ciudad que fue aprendido por los técnicos locales, quedaron mejor formados para continuar realizando la planificación territorial.  Sert había trabajado en el estudio de Le Corbusier en París y  presidió los CIAM (Congreso Internacional de Arquitectura Moderna) entre 1947 y 1957. Sus ideas estaban alineadas con los preceptos del Movimiento Moderno, por lo cual el proyecto que desarrollaron para La Habana fue una propuesta muy agresiva hacia la ciudad existe, demoliendo importantes áreas de la Habana Vieja para crear una gran avenida que enlazaran el Capitolio con el Puerto. El plan además incluía un nuevo conjunto presidencial en la zona de la fortaleza de La Cabaña y activó la construcción de la Plaza Cívica ya prevista por el plan de Forestier. Este proyecto urbano se vio interrumpido por el cambio de régimen.

Plan de Sert La Habana 1955-1958.

A partir de 1959 es evidente que la dictadura de Fidel Castro abandonó La Habana a su suerte. No hubo transformaciones urbanas ni un crecimiento de la ciudad que tenga valor arquitectónico o urbanístico. Barrios similares a Alamar se construyeron en las periferias con la misma falta de tratamiento de las áreas exteriores, dejando los bloques de vivienda multifamiliares rodeados de espacios vacíos sin ningún interés.

En cuanto a instituciones relacionadas con el urbanismo, a partir de 1959 se creó el Instituto de Planificación Física (IPF), que fue transformado en el año 2021 al Instituto Nacional de Ordenamiento Territorial y Urbanismo (INOTU). Estos organismos se dedican entre otras funciones a colectar información y a trámites burocráticos de autorizaciones y multas. Aunque hacen planes, poco ejecutan en un estado fallido que no tiene recursos para acometer obras y el emprendimiento privado está prohibido.

Independiente de esas instituciones ha sido gestionado el  Centro Histórico de La Habana, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1982 junto al Sistema de Fortificaciones. La parcial rehabilitación ha estado a cargo de la Oficina del Historiador de la Ciudad con un sistema autogestionado a través de la explotación turística. El deterioro masivo de los edificios no pudo detenerse dado el empobrecimiento  de la población y la falta de materiales de construcción para afrontar las reparaciones a su debido tiempo, especialmente el mantenimiento de las cubiertas e instalaciones sanitarias que han provocado la paulatina ruina de muchos edificios.

Bajo la Oficina del Historiador de la Ciudad se creó en 1994 la oficina del Plan Maestro para la Revitalización Integral de La Habana Vieja, con el objetivo de estudiar, documentar, planificar y regular las acciones en ese territorio. En su primer año contó con la asesoría del arquitecto-urbanista español Fernando Pulín. Dada su escaza capacidad de acción por las circunstancias del país, lo más interesante que tiene esta institución es la recolección de toda la data del territorio y su incorporación a un sistema informatizado propio que nombran Sistema de Información Territorial, compatible con otros sistemas externos según aparece en su página web, y de lo cual se podría deducir (especular) que es compatible con el Sistema de Información Geográfica (SIG) de amplio uso en el mundo. En su página web la oficina comparte varias propuestas para diferentes zonas del Centro Histórico.

Propuesta para la Plaza del Cristo. OPMH.

Todo hasta aquí se ha realizado en Cuba. Pero en Miami, la capital del exilio cubano, el profesor de arquitectura Nicolás Quintana, experimentado arquitecto fallecido en 2011, realizó una propuesta urbanística que llamó: La Habana y sus paisajes. Quintana creó un equipo multidisciplinario en la Universidad de la Florida (FIU) en el que participaron el arquitecto paisajista Juan Antonio Bueno y profesionales de varias ramas para diagnosticar los problemas de la ciudad y contó con información actualizada en 2006 proveniente de Cuba para desarrollar la propuesta. Durante varios años trabajaron en planos y maquetas con la ayuda de estudiantes de arquitectura. El proyecto fue patrocinado por dos grandes constructoras Century Homebuilders LLC y Lennar Corporation.

Más allá de que es una propuesta que ya tiene veinte años de antigüedad, el concepto general que desarrolló Nicolás Quintana defendiendo la continuidad de la trama de la ciudad tradicional en un crecimiento controlado merece atención.

 

Arquitecto Nicolas Quintana.

Quintana rechaza la copia del modelo de ciudad jardín extendido en Norteamérica con casi absoluta dependencia del vehículo automotor y escaso transporte público. Considera, con razón, que ese modelo se aleja de nuestra cultura y nuestra forma de vivir y que tanto la ciudad histórica como su extensión merecen conservar y continuar la relación entre edificio de vivienda, calle y plaza, donde el peatón tiene una presencia cotidiana y los diferentes servicios se integran a una distancia caminable.

En cualquier caso, un Plan Maestro es una herramienta que los gobiernos utilizan para actuar sobre los territorios. Requiere un equipo multidisciplinar con experiencia para tomar decisiones a largo plazo, basadas no solo en conceptos arquitectónicos y urbanísticos, sino también en la interacción con aspectos sociales, económicos y geográficos. Tanto en Cuba como en el exilio existen numerosos profesionales preparados para el reto que se avecina.

Cuba espera su oportunidad y también La Habana, para renacer sin perder su autenticidad. 

 

La Ley de Solares Yermos, aprobada el 7 de abril de 1959, tuvo un impacto profundo en la urbanización de Cuba.  Estableció la venta forzosa de terrenos baldíos a un precio fijo ($4.00 el m²) para evitar la especulación inmobiliaria y promover viviendas populares.  Esta medida interrumpió proyectos privados de urbanización, especialmente en las periferias de ciudades como La Habana, donde repartistas y desarrolladores privados dejaron de invertir.  Además, la ley desincentivó la expansión descontrolada y detuvo la creación de nuevos repartos incompletos, ya que exigía que se terminaran las infraestructuras básicas (agua, electricidad, calles) en un año o se procediera al embargo.  Como resultado, el Estado asumió el control del suelo urbano, frenando la urbanización especulativa y orientando el desarrollo hacia planes estatales de vivienda social. 

La Ley de Solares Yermos de 1959 transformó la distribución de viviendas en las periferias de La Habana al detener la urbanización especulativa y transferir el control del suelo al Estado.  Antes de la Revolución, las periferias crecían con repartos privados orientados a la clase media, como Altahabana o Fontanar. Tras la ley, se intervinieron cerca de un centenar de repartos incompletos, y el Estado, a través del INAV y el MINOP, asumió su terminación y desarrollo. 

Se priorizó la construcción de viviendas populares, tanto individuales como en bloques de apartamentos, en terrenos antes abandonados por especuladores.  Además, se frenaron nuevas parcelaciones privadas, y se exigía que los repartos existentes completaran sus infraestructuras (calles, agua, electricidad) en un año o ser embargados.  Como resultado, la expansión urbana dejó de ser un negocio privado y se convirtió en un proyecto estatal de vivienda social, redistribuyendo el acceso al suelo y mejorando condiciones en barriadas periféricas con servicios básicos y equipamientos. 

La Ley de Solares Yermos de 1959 transformó el acceso al suelo en las periferias de La Habana al poner fin a la especulación inmobiliaria y transferir el control del suelo al Estado. Antes de la Revolución, el acceso dependía del mercado privado, excluyendo a sectores populares.  Tras la ley, se obligó a los propietarios a vender terrenos baldíos a precio fijo o ser expropiados, permitiendo que familias de bajos ingresos accedieran a lotes para construir viviendas.  El Estado asumió la urbanización, priorizando proyectos de vivienda social y la dotación de servicios básicos en barriadas periféricas.  Así, el acceso al suelo dejó de ser un privilegio económico y se convirtió en un derecho vinculado a políticas públicas de redistribución


Ileana Pérez Drago. 1964, La Habana, Cuba. Doctora en Arquitectura por la Universidad Politécnica de Madrid, Especialista en Restauración Arquitectónica por la Universidad de Valladolid y Arquitecta por el ISPJAE, La Habana. Su experiencia profesional la ha desarrollado en proyectos/obras de rehabilitación/restauración en el Centro Histórico de La Habana y en proyectos/obras de arquitectura de interiores en Madrid y Ciudad de Panamá. Dirigió la actividad docente y fue profesora en la Escuela-Taller Gaspar Melchor de Jovellanos de la Oficina del Historiador de La Habana en su primer ciclo. Investigó por más de diez años sobre la herrería colonial de La Habana en el siglo XIX. Como resultado de su Tesis Doctoral publicó el libro HIERROS DE LA HABANA con la Fundación Diego de Sagredo, Madrid. Actualmente reside en Miami.

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