Fragmento de "El espía de Franco en La Habana"

PABLO ALFONSO

El diplomático español, no sólo previó los acontecimientos que más tarde confirmaría la historia. Los documentó con pruebas, que dejó escritas, con datos ratificados por la historia, que se han estado desclasificando en los años posteriores y algunos otros, hasta ahora inéditos.

Es importante destacar que, a lo largo de su relato, Caldevilla sustenta cada una de sus informes, con las pruebas que llegan a su despacho de Consejero de Información de la Embajada de España en La Habana, y que siguen su rumbo hasta Madrid.

Son esas mismas informaciones del periodo 1959-1966 las que Caldevilla utiliza en las 269 cuartillas mecanografiadas, escritas para rebatir y cuestionar, según dijo, errores y omisiones en el libro Trece Días, del Senador Robert F. Kennedy - Fiscal General de los Estados Unidos desde 1961 hasta 1964-, donde ofrece su testimonio de los días vividos en la Casa Blanca durante la Crisis de los Misiles en Cuba del 16 al 28 de octubre de 1962.[1]

¿Por qué nunca se publicaron en su momento, en Estados Unidos ni en España esas páginas? Todo lo que podemos hacer ahora es elaborar como posibles, las hipótesis que serán abordadas más adelante.

La narración que nos ofrece Caldevilla no se limita a señalar los errores del libro de R.F Kennedy. El diplomático español fue mucho más atrás de octubre de 1962, y enmarcó la crisis como la culminación de un proceso que tuvo un antes, un durante y un después.

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CALDEVILLA DESCUBRE LA LLEGADA DE LOS PRIMEROS MISILES A CUBA

Cumplidos sus dos objetivos estratégicos principales -el rompimiento de relaciones entre Estados Unidos y Cuba y el desmantelamiento de la Iglesia Católica-, consolidados por la derrota de la invasión de exiliados cubanos por Bahía de Cochinos y la desarticulación de la subversión interna, Moscú considera aseguradas las “condiciones objetivas” para emplazar sus misiles nucleares en Cuba.

Aunque la invasión de Bahía de Cochinos es uno de los mayores eventos ocurridos en Cuba en 1961, Caldevilla precisa que “no es propio de este trabajo detallar la fracasada invasión de Playa Girón, pues está en el ánimo de todos. Lo único, que haré es señalar sus consecuencias en línea recta hacia la crisis de octubre de 1962”.

Las informaciones que llegan a manos de Caldevilla dan cuenta de un acelerado incremento del número de “técnicos” en todas las disciplinas, que encubren a cientos de expertos y especialistas militares, además de la formación de una Brigada Internacional que se estaciona en Cayo Largo del Sur, comandada por el General Enrique Lister.

Los detalles de cómo el Consejero de Información de la Embajada de España en Cuba recolecta esos datos están descritos minuciosa y cronológicamente en sus papeles. Sólo los señalaremos en este texto, para destacar cómo ESPAÑA CONOCIO UN AÑO Y SIETE MESES ANTES QUE ESTADOS UNIDOS, la presencia de armas nucleares en Cuba.

El asombro, y quizás también la frustración por la información errónea que sobre la llamada Crisis de Octubre publica Robert F. Kennedy en su libro Trece Días, lo motiva a revelar todo lo que supo antes que los estadounidenses, y que, con toda seguridad, informó debidamente al ministerio de Relaciones Exteriores y a la Oficina de Información Diplomática de España.

Caldevilla describe así la primera información sobre el desembarco de armas nucleares por el puerto de El Mariel en los primeros días de mayo de 1961.

 Es en el mes de mayo y apenas treinta y tantos días, después de la invasión…al cabo de un mes se pudo confirmar la noticia con toda exactitud. Hacia los cinco primeros días del mes de julio de 1961 había logrado la información exacta, se habían desembarcado armas nucleares de las llamadas de mediano y pequeño alcance... Con los cohetes desembarcados se podían alcanzar objetivos a 1000 kms. de distancia. Las rastras eran cargadas a medianoche y antes de amanecer tenían que estar en los puntos de destino, o sea, en las bases atómicas que se estaban construyendo ¿Cuáles eran los puntos de destino? ¿Dónde están las bases?

La gravedad de la noticia nos hizo ofrecerla con el máximo de cautela, pero con toda certidumbre.”[2] 

[3] Página del texto original de los papeles de Caldevilla.

Esta afirmación de Caldevilla es sumamente interesante a la hora de desentrañar las razones del silencio de España ante la sovietización de la revolución cubana. Si el Consejero de Información de la Embajada española en La Habana hizo llegar la noticia a los niveles superiores correspondientes, como asegura, entonces esos despachos deben permanecer archivados en alguna dependencia oficial. España no ha desclasificado ningún documento sobre la instalación de los misiles nucleares en Cuba y el libro de Caldevilla, convertido en cuartillas mecanografiadas, permaneció en las sombras. Inédito hasta ahora. ¿Por qué? No lo sabemos.

A lo largo de todo el año 1961, y hasta que Estados Unidos “despierta” en octubre de 1962, la URSS ha desembarcado en Cuba miles de soldados, especialistas en armas nucleares, que ya estaban llegando; las rampas de lanzamiento que se están construyendo; los depósitos subterráneos en las horadadas montañas; las fuerzas especiales soviéticas, que habían de manejar los llamados técnicos de “agricultura y del arte y oficio de la pesca”, que poco a poco Moscú había estado introduciendo en Cuba, refiere Caldevilla.

“Compromiso esencial y secreto total y rigurosísimo se ha pedido a Fidel y a los hombres de su confianza sobre la llegada de armamento nuclear y los equipos para la obtención de agua pesada, que dicen también han sido desembarcados.  Rusia quiere velar esta gravísima decisión e impedir que antes de que las instalaciones estén a punto y las armas atómicas desembarcadas, Norteamérica pueda impedirlo. Luego los hechos consumados y el factor sorpresa serán sus armas diplomáticas.

Y uno se pregunta ¿cómo es que este desembarco nuclear en Cuba no fue conocido por Estados Unidos hasta 1962 cuando las primeras noticias ya trascendieron a partir del mes de julio de 1961? ¿Qué es lo que ha fallado? ¿no hubo colaboración occidental o más bien no fue tomada en serio la información de que Rusia estaba instalando bases atómicas en la isla y había traído misiles que alcanzaban cualquier objetivo por lo menos a 1000 kms. de distancia?

No soy yo quien ponga en duda la eficacia y el valor de los servicios de información de EE. UU. Los tengo en muy alta estima. Ignoro si han contestado alguna vez a las afirmaciones que el Fiscal General y hermano del presidente el senador Robert Kennedy vertió en su libro 13 Días: “ningún funcionario del Gobierno había sugerido al presidente que las instalaciones rusas en Cuba incluyesen misiles, el último informe llevaba la fecha del 19 de septiembre de 1962.[4]

Llegado a este punto, vale la pena hacer un paréntesis de los comentarios de Caldevilla, para destacar que esa misma interrogante, en términos más o menos semejantes, la planteó el Representante Federal, Frank C Osmers Jr, en una carta enviada el 31 de enero de 1963, al presidente del Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes, Carl Vinson, en la cual critica los fallos de los servicios de inteligencia y de la CIA, por no detectar a tiempo la instalación de misiles nucleares en Cuba.

El congresista Osmers Jr, en ese entonces miembro de ese Comité y del Subcomité de la CIA, pidió que el director de esa agencia, John A McCone, respondiera a los serios cuestionamientos sobre los fallos de seguridad que condujeron a la Crisis de Octubre.

La comparecencia de McCone se produjo el 17 de febrero, según documentos desclasificados.[5]

Si los servicios de inteligencia de Estados Unidos estaban ajenos a lo que ocurría en Cuba, el Consejero de Información de la Embajada española estaba, por el contrario, muy al tanto de los movimientos soviéticos.

Empezamos a recibir los primeros informes de que se está construyendo una base de cohetes en Oriente y otra, en las cercanías de la Habana. A primeros de año las obras en construcción, los barrenos que hacen trepidar los edificios, y el entrar y salir de los dromedarios, (las concreteras con su grúa cilíndrica) el transporte de raíles de ferrocarril y el movimiento de grupos de extranjeros, nos pone en la pista de siete lugares distintos donde confirmamos la existencia de siete bases atómicas, algunas provistas ya de proyectiles sobre sus trenes, unos y otros ocultos unas veces en las concavidades montañosas naturales o artificiales y otras camufladas entre espesa vegetación tropical.

Después de mucho depurar, asombrados por la impunidad con que los rusos colocan sus artefactos nucleares a noventa millas de Norteamérica y en la creencia de que las naciones occidentales algo tendrían que informar, a la potencia, que a todas las protege, pudimos saber con certeza los lugares y nombres de los emplazamientos coheteriles soviéticos: San Julián y Piedra Hacha, San Cristóbal en la provincia de Pinar del Río, Managua en la de La Habana, Limonar en la de Matanzas, Banes en Oriente, Sagua, en Las Villas, Turiguanó en Camagüey, y se habla de otra en la Bahía de Siguanea ,en Isla de Pinos, pero esta no la pudimos, entonces, confirmar. Estas siete bases antes de que llegue la hora de la Crisis de Octubre, se elevarán el doble. Más adelante daremos nombres al tiempo que confirmaremos las que acabo de consignar.”[6]

Y así fue…

Los detalles están relatados con toda precisión por Caldevilla, a medida que se iban desarrollando, y reunidos en las páginas de su libro inédito. Aquí sólo los citaremos, en beneficio del lector. 

“El campo informativo español estaba dando un rendimiento inesperado, entre mayo y julio ya conocíamos la ubicación de otras siete zonas, destinadas a bases atómicas: Jejenes en Pinar del Río, San Miguel de los Baños en Matanzas, Trinidad en Las Villas, Wajay en la provincia de La Habana, Nipe en Oriente y otra, que se daba como probable, en las cercanías de la Bahía de Cabañas, no lejos del puerto de Mariel en Pinar del Río.

Con las dichas anteriormente son ya catorce las bases soviéticas, a donde han llegado o van a llegar, de un momento, a otro los proyectiles atómicos, el combustible y los relojes y equipos electrónicos, en las “cajas de muerto”. Allí, se ha levantado las complicadas instalaciones electrónicas para lanzarlos en el momento oportuno, cuando se muevan los trenes en que yacen como adormecidos los proyectiles, y los llevan hasta las rampas de lanzamiento, después de haber estado ocultos como fieros leones selváticos en las cuevas que los cobijan.

Vamos a entrar en los meses de julio y agosto, el calor aplana los sentidos. Van a ser estos meses de definiciones casi exactas cuando las agobiantes temperaturas parece que embotan los entendimientos y no dejan discurrir con claridad, sin embargo, a los rusos el clima aún en el verano, no les fatiga y se han decidido a consumar su plan de bases atómicas en la isla de Cuba son ya catorce las zonas militares acotadas para emplazamientos balísticos dos ya concluidas: Banes en Oriente[7] y San Cristóbal en Pinar del Río. Si en meses anteriores el sigilo, el disimulo, la ocultación eran las características del desembarco de armas y técnicos, ahora parece que no les importa y que alguien les aconsejó que era preferible el escándalo y la publicidad porque también estos eran un modo de disimular ¿cómo iban a creer en Norteamérica, que tan a las claras, de una manera que parecía desafiante, los soviéticos se iban a atrever a esa incitación pública nuclear?”.[8]

Estos mismos cuestionamientos se hace el Cuerpo Diplomático Occidental representado en La Habana en 1962. Caldevilla menciona a cada uno de los Embajadores y/o Encargados de Negocios de las Embajadas Occidentales con quienes ha tenido la oportunidad de intercambiar opiniones y señala en referencia al libro 13 Días:

Tengo la seguridad, que por lo menos a partir del mes de agosto si no todos ellos, algunos informaron cabalmente a sus gobiernos de que los rusos desembarcaban material nuclear en Cuba y que se construían, bases si bien todos no supieran la localización de estas. Por esta razón, no puedo explicarme las argumentaciones de Robert F Kennedy.”[9]

[1]  Caldevilla tiene que haber escrito este texto después del 1ro.de enero de 1969, fecha de la primera edición, por la editorial Signet, del libro Thirteen Days  (Trece Días), de Robert F. Kennedy, víctima de un atentado mortal el 5 de junio de 1968, perpretado en el Hotel Ambassador, de Los Angeles por el inmigrante palestino, Sirhan Sirhan de 24 años de edad.

[2] Citas textuales de los papeles de Caldevilla. Pág.76

[3] Página del texto original de los papeles de Caldevilla.

[4] Cita textual de los papeles de Caldevilla. Pág.78

24.  https://www.maryferrell.org/showDoc.html?docId=177#relPageId=8. Anexo2.

[6] Citas textuales papeles de Caldevilla. Pág.94

[7] Esta revelación de Caldevilla sobre la base coheteril de Banes, en la provincia de Oriente es en extremo importante, porque demuestra lo que él ya sabía e ignoraba hasta el propio Fidel Castro. Durante su entrevista con Mikoyán en noviembre de 1962, Castro se entera por primera vez de la existencia de esta base. Ver Anexo 3

[8] Cita textual de los papeles de Caldevilla. Pág.98

[9] Cita textual de los papeles de Caldevilla.97

Por invitación de su director, Joaquin Galvez, comparto con los lectores de Insularis dos fragmentos de mi breve ensayo “El espía de Franco en La Habana”, relato basado en un documento inédito, escrito y oculto desde hace 60 años por el diplomático español Jaime Caldevilla García-Villar que llegó a mis manos.

Debo aclarar que, para facilitar su lectura, las citas textuales de Caldevilla aparecen aquí en negritas. El libro está disponible en las plataformas on line en formatos de papel y electrónico (ebook). Fue impreso por el sello editorial Universo de Letras del Grupo Editorial Planeta, como edición autopagada. Si deseas adquirir una edición en papel firmada por el autor, un servidor, puedes encontrar los detalles en mi sitio web https://www.elespiadefrancoenlahabana.com

Pablo Alfonso.

Adquiera el libro: https://a.co/d/0ioBnuDO


Pablo Alfonso. Ciego de Ávila, Cuba. En 1971 fue condenado a 20 años de cárcel por dirigir junto a otros jóvenes de procedencia cristiana un movimiento opositor contra el régimen de Fidel Castro. Indultado en 1979, viajó a Miami donde todavía reside.  
Entre 1987 y 2006 se ocupó del tema de Cuba en El Nuevo Herald, donde escribía una columna titulada “Cuba por Dentro”. Como reportero de El Nuevo Herald cubrió los viajes al exterior de Fidel Castro y la delegación oficial de Cuba a las Cumbres Iberoamericanas en México, España, Brasil, Colombia, Chile, Panamá, Perú, y República Dominicana. También los viajes de Castro a Suiza, Vaticano, Italia, Galicia (España) y Nueva York.  
Trabajó como reportero en 1994 durante la crisis de los balseros, cubriendo los campamentos de refugiados en Islas Cayman y fue enviado a cubrir las sesiones de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra. 
Ha sido conferencista invitado a eventos relacionados con el tema de Cuba en República Dominicana, Italia, España, Canadá, República Checa y varias ciudades de Estados Unidos y es autor de estos libros: Cuba, Castro y los CatólicosLos fieles de CastroEl diálogo ignorado, Los últimos castristas Cuba por Dentro.

PABLO ALFONSO

Pablo Alfonso. Ciego de Ávila, Cuba. En 1971 fue condenado a 20 años de cárcel por dirigir junto a otros jóvenes de procedencia cristiana un movimiento opositor contra el régimen de Fidel Castro. Indultado en 1979, viajó a Miami donde todavía reside.
 
Entre 1987 y 2006 se ocupó del tema de Cuba en El Nuevo Herald, donde escribía una columna titulada “Cuba por Dentro”. Como reportero de El Nuevo Herald cubrió los viajes al exterior de Fidel Castro y la delegación oficial de Cuba a las Cumbres Iberoamericanas en México, España, Brasil, Colombia, Chile, Panamá, Perú, y República Dominicana. También los viajes de Castro a Suiza, Vaticano, Italia, Galicia (España) y Nueva York.
 
Trabajó como reportero en 1994 durante la crisis de los balseros, cubriendo los campamentos de refugiados en Islas Cayman y fue enviado a cubrir las sesiones de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra. 

Ha sido conferencista invitado a eventos relacionados con el tema de Cuba en República Dominicana, Italia, España, Canadá, República Checa y varias ciudades de Estados Unidos y es autor de estos libros: Cuba, Castro y los CatólicosLos fieles de CastroEl diálogo ignorado, Los últimos castristas Cuba por Dentro.

 

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