Entrevista a Reinaldo Bragado Bretaña
LUIS DE LA PAZ
Reinaldo Bragado Bretaña. Nació en La Habana en 1953 y falleció en Miami en el 2005. Se licenció en Historia en la Universidad de La Habana. Narrador, poeta y periodista. Formó parte del Comité Cubano por los Derechos Humanos en Cuba por lo que sufrió cárcel. Llegó al exilio en 1988, radicándose en Miami. Ejerció el periodismo y trabajó como redactor para distintas estaciones de radio, televisión y periódicos. Su obra literaria incluye, entre otros, La ciudad hechizada, novela finalista del concurso Letras de Oro, La estación equivocada, Bajo el sombrero, En torno al cero, La noche vigilada, La muerte sin remitente, finalista del Premio “La Ciudad y los Perros”, y Curazao 24: cuidado con el perro. Póstumamente se publicó El álbum de las sombrillas, La alcantarilla mágica, Después de la vigilia y La muerte cubana de Hemingway. Insularis Magazine reproduce esta entrevista que le realizó, en 2000, el escritor y periodista Luis de la Paz para la sección 5 preguntas en Diario Las Américas.
A este cubano lo conocen muy bien los lectores de este Diario [Diario Las Américas], porque semanalmente publica una columna de opinión en sus páginas, donde analiza con inteligencia y agudeza la situación cubana, el acontecer miamense. A veces prefiere dejar a un lado lo cotidiano, y su espacio lo ocupa para redactar una aguda reseña sobre un libro, o se adentra en los matices que brotan de los colores, y escribe de una exposición de pintura.
Reinaldo Bragado es una voz joven en el largo exilio cubano y sus experiencias, muchas de ellas tremendas, como haber ido a parar a la cárcel, desertar del servicio militar, ser golpeado en la vía pública por la policía política, y lanzarse al mar en una endeble balsa, son los elementos vitales que definen el contorno de su obra literaria, donde estas situaciones de espanto aparecen como trasfondo de un mundo literario fuerte y personal.
Bragado ha publicado las novelas La estación equivocada, y muy recientemente La noche vigilada, libro que fue presentado en la pasada Feria del Libro de Miami, y que ha estado entre los más vendidos. Los libros de cuentos Bajo el sombrero y En torno al cero. Fue finalista del concurso Letras de Oro con su novela La ciudad hechizada, y ha publicado además La fisura, una valiosa recopilación de textos sobre la disidencia en Cuba.
1. A principio de la década del ochenta, usted formó parte del grupo de jóvenes intelectuales que de una forma u otra impulsó en la isla una nueva visión creativa. Háblenos de esa época.
—En realidad lo que sucedió es que comenzaba a salir a la luz pública el movimiento en favor de los Derechos Humanos. Era algo totalmente nuevo en la historia del país. Yo me vinculo a ese movimiento y en su seno comienzo a trabajar en el aspecto cultural, en la defensa de los escritores marginados. Bien poco podíamos hacer y todo se reducía a las denuncias que enviábamos al exterior. Por lo demás, ese grupo de creadores que hablas es el mismo tuyo, los marginados, pero en tu caso saliste del país años antes. Las condiciones no cambiaron y los mismos problemas que tú sufriste los sufrimos los que quedamos atrás.
2. La fisura, una recopilación de textos sobre la disidencia en Cuba, es, a mi juicio, un paneo por el sufrimiento y el dolor de un país sometido a una dictadura. Háganos un poco la historia de ese libro.
—Desde que estaba en Cuba, cuando comprendí que la fundación del Comité Cubano Pro Derechos Humanos (CCPDH) iba a cambiar la vida de la sociedad –creo firmemente que fue así–, pensé que era necesario escribir la historia de ese movimiento, aprovechar que la estábamos viviendo y anotarlo todo para que no se perdiera el origen de ese fenómeno social. En Cuba escribí artículos sobre cada acontecimiento relacionado con el CCPDH, como la primera misa pública que dedicamos a Jerzy Popieluszko –en San Juan de Letrán, en el Vedado–, lo cual fue un suicidio y pensábamos que esa noche terminaríamos todos en prisión. Cuando llegué al exilio pensé mucho en escribir una historia del movimiento, pero me di cuenta de que estaba muy cerca del problema como para hacer algo objetivo, así que me limité a recopilar los artículos de Cuba y del exterior, así como muchos otros documentos relacionados con el tema escritos por otros o emitidos por organizaciones. La Fisura no es una historia del movimiento de derechos humanos, es sólo un libro de referencia para los estudiosos del tema. Por suerte los comentarios y críticas han sido muy favorables. En estos momentos está en proceso de edición el segundo tomo porque, lamentablemente, las violaciones en Cuba no cesan.
3. Los personajes de La noche vigilada son marginales y perseguidos. ¿En qué medida esos personajes resultan un perfil de la sociedad cubana actual?
—Efectivamente. Los personajes de La noche... son un perfil de la sociedad cubana y tú los conoces muy bien. Pero la novela sólo hace referencia a los perseguidos y marginados. Debo señalar que faltan otras sicologías características de la Cuba de hoy, como el oportunista, el de doble pensar, el perseguidor y todos los demás de ese corte, pero eso es materia para otra novela.
4. Es el mar una constante en la literatura cubana, alcanzando una mayor presencia en los últimos cuarenta años. Háblenos de ese elemento, que también aparece en La noche vigilada.
—Como soy de La Habana desde niño estoy acostumbrado a vivir con el mar. No creo que haya pasado un día de mi vida, cuando vivía en Cuba, sin ver el mar. Mi respiración, mi ritmo interno, está vinculado al ritmo del mar. Es una de las obras de la naturaleza más impresionantes. Creo que muy pocas cosas, si las hay, superan la majestuosidad del mar. Al mismo tiempo le temo. Sus profundidades son una incógnita y es capaz de arrasar con una población costera o tragarse un buque enorme en minutos. Hoy, como Cuba es una isla, el mar cumple la doble función de ser muro de agua y puente de agua para escapar. De eso otras personas han hablado mucho y mejor que yo. Pero tienes razón, en La noche... está presente el mar porque es visto por el personaje central como su vínculo con lo que dejó atrás, además de ser el medio gracias al cual pudo escapar.
5. En su caso está muy ligado el escritor y el activista político. )Cómo puede manejar esos dos compromisos vitales para usted, sin que uno afecte el resultado del otro?
—Precisando: no se trata de activismo político, sino de activismo en favor del respeto a los derechos humanos. No me interesa la política, lo que sucede es que en Cuba, cuando defiendes los derechos humanos, la dictadura te coloca en el terreno de la oposición política. Mi trabajo en ese movimiento no afecta mi literatura, de hecho, muy pocos libros míos poseen un trasfondo político. Pero somos seres humanos, tú, yo, todos, y pertenecemos a la misma familia. Los hay que dan la espalda a los problemas de los demás. No fue mi caso y el tiempo que dedico a los derechos humanos me causa una gran satisfacción. Por otra parte, no paro de escribir. Así que, en ese sentido, se puede decir que soy feliz, aunque no totalmente. La felicidad total será cuando no tenga que trabajar más para los derechos humanos.
Entrevista realizada en el 2000 para la sección 5 preguntas en Diario Las Américas. Esta entrevista y otras realizadas aparecen en el libro Soltando sorbos de vida (Ediciones Universal, 2017).
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Luis de la Paz (La Habana, 1956). Escritor y periodista residente en Miami desde 1980, cuando salió de la Isla durante el Éxodo del Mariel. Premio Museo Cubano de Ensayo, Premio Lydia Cabrera de Periodismo y accésit al Premio de Poesía Luys Santamarina-Ciudad de Cieza, Murcia, España. Ha publicado los libros de narrativa Un verano incesante, El otro lado, Tiempo vencido, Salir de casa, Del lado de la memoria y Al pie de las montañas. En poesía De espacios y sombras, Imperfecciones del horizonte y Of Space and Shadows. Además varias recopilaciones como Reinaldo Arenas aunque anochezca, Teatro cubano de Miami, Cuentistas del Pen, Soltando sorbos de vida y La floresta interminable.

