Entrevista musical ilustrada a Mike Porcel

ROBERTO CARRIL BUSTAMANTE

Mike Porcel (La Habana). Compositor y guitarrista. Fue discípulo de Leopoldina Nuñez, Alberto Bernal, Harold Gramatges, Ángel Vásquez Millares y Vicente Gonzalez Rubiera "Guyún", entre otros. Integró el grupo Los Dada (1968-1971)... y fue fundador y primer director de Síntesis (1977-1979). Entre 1972 y 1975, trabajó como asesor musical del Grupo Teatro Estudio. Junto con el actor Carlos Ruiz de la Tejera, creó y presentó el espectáculo "Que hablen los poetas" (1976-1979). Tras varios años de ostracismo, durante los cuales se le prohibió trabajar, pudo salir de Cuba en 1989. Residió en España y luego en Estados Unidos, donde actualmente vive. Ha compuesto música para numerosas obras de teatro, así como para documentales y dibujos animados. Sus canciones han sido interpretadas por numerosos artistas cubanos y extranjeros. A partir del 2008 ha grabado los compactos IntactusPersonalDeja Vu y Echoes, en los que interpreta canciones de su autoría. En 2011, la editorial Término publicó Tonadas y versos, una recopilación de sus canciones, y en 2020  se estrenó el documental Sueños al Pairo, la historia de la censura a la que fue sometido en Cuba. Recientemente, Roberto Carril Bustamante le realizó esta entrevista musical ilustrada para Insularis Magazine

Ilustraciones y preguntas: Roberto Carril Bustamante 

Amigo divergente:

Te ofrezco unas líneas para acercarnos a un creador singular, poético y libre. Una entrevista ilustrada con dibujos y música que expanden el diálogo y lo iluminan. Más que un cuestionario, este encuentro busca asomarse a un territorio interior donde todavía sobrevive la belleza. Quizá por eso vale la pena compartirla, aderezar los bits y hacer nuestra vida más rica.

Mike, ¿recuerdas el instante en que comenzó la necesidad de crear?‍ ‍

Me pregunto si aquel destello nació en la casa familiar, en la voz de tus padres o de tus abuelos, o simplemente surgió. Sé que una guitarra llegó a ti en unas navidades.

Sí… y no. Sí, porque siempre que me pienso retrospectivamente, me recuerdo canturreando melodías interiores que posiblemente no hayan sido muy originales pero que seguramente fueron los cimientos de lo que vendría después.‍ ‍

No, porque el instante en sí no lo tengo claro. Mis padres sí amaban la música. Ambos “tocaban” la guitarra. De hecho fue mi madre quien me enseñó los tres primeros acordes de una canción cuando tenía unos 8 o 9 años, y a partir de ese momento la guitarra y yo, —la música y yo— no nos hemos separado.

‍ Mi primera guitarra llegó a mí en unas navidades. Fue uno de los regalos de Santa Claus que encontré esa mañana del 25 de diciembre bajo el árbol de navidad… Tenía 3 años. Aún conservo la foto.

‍Mi primera presentación en público fue a los 11 años, en un acto del trabajo de mi padre. Conservo también la foto.

Mi abuelo materno era también un amante de la música. Hizo que todos sus hijos estudiaran un instrumento musical.‍ ‍

Nunca llegó a escuchar mis canciones, mi trabajo musical. Mi madre siempre se lamentaba de eso. Ya se había ido de Cuba y murió sin haber escuchado mi música.‍ ‍

Escribí una canción —que aún no he grabado— para mi abuelo Charles, titulada «Carta última al abuelo», y otra para mi abuela Margarita: «El paso corto de abuela», incluida en mi CD «Personal», donde rememoro y evoco los últimos recuerdos que me quedaron de ellos antes de que partieran.‍‍

«El paso corto de abuela»
Mike Porcel

Háblame de Millie.

Qué papel ha jugado en tu respiración poética y musical.

Millie y yo estamos juntos desde los 18 años, desde cuando yo empecé en el grupo “Dada”. Ella ha sido mi sostén, mi amiga, mi mejor crítica, y de quien he recibido las mejores alabanzas; siempre paciente y comprensiva con mis despistes y mis resabios, y, sobre todo, sabia. Creo que ha logrado sacar lo mejor de mí.

Ya vamos para 60 años caminando el uno al lado del otro. Hemos pasado por momentos muy difíciles. Debido a mi decisión de salir de Cuba durante el éxodo del Mariel, sufrió las mismas consecuencias y castigos y pasó a mi lado estoicamente aquellos actos de repudio, —que también sufrió nuestro hijo, con solo 7 años en aquel momento, y mi familia— aquellos años de ostracismo y desesperanza.

Fueron nueve años muy duros y difíciles para nosotros; no podíamos trabajar y vivíamos como “parias”. Los amigos —o los que creíamos amigos— nos negaban y cruzaban la calle para no saludarnos. Solo encontramos apoyo en amigos dentro de la Iglesia, y allí pude encontrar trabajo como organista en varias iglesias de La Habana.

Esta canción pertenece también a mi CD «Personal». Se titula «En un viejo armonio» y la compuse en aquellos días inciertos como homenaje a esos sacerdotes y feligreses que nos dieron su amistad y solidaridad.

«En un viejo armonio»
Mike Porcel

Finalmente, cuando en 1986 le permitieron salir a ella y a nuestro hijo, pasamos años sin vernos y sin saber si volveríamos a re-encontrarnos algún día. Esa incertidumbre era parte de la tortura sicológica del régimen. Finalmente lo logramos, 7 años después, cruzamos juntos al siglo XXI y aquí seguimos, ahora con 3 nietas maravillosas. Creo que no ha sido fácil para ella —para Millie— para una personalidad como la de ella, este viaje junto a alguien como yo, un “artista”, alguien que como dice ella “vive en el aire”, no ha sido nada fácil.

Pienso inevitablemente en «Ella es agua que fluye»:‍ ‍

«Se mueve como piensa, sin ruta ni sendero; ‍ ‍

cervatillo salvaje que salta ligero».

«Todas sus percepciones le llegan de la luna ‍ ‍

y fecunda mi cuerpo con raras misturas».‍ ‍

«Ella es agua que fluye»
Mike Porcel


Qué otras canciones han nacido bajo el influjo de la «hija predilecta de la Luna».

‍Esta canción «Si te vuelvo a encontrar» que pertenece a mi CD «Deja Vu», la escribí cuando ella partió de Cuba con Charlie y no sabíamos cuando volveríamos a reencontrarnos.

«Si te vuelvo a encontrar»
Mike Porcel

La década del 80-89 fueron mis años de real madurez como compositor de canciones. Quizás las circunstancias externas ayudaron a esa madurez artística. No sé. Fueron mis mejores años “retenido”, como llamaba el régimen a mi condición. Pero el Universo tiene sus propósitos y sus planes —que uno no suele entender— y lo mejor de mí surgió en aquellos años como ser humano y como compositor.

Hay varias. «Si te vuelvo a encontrar» que es parte de mi CD «Personal» y otras que compuse durante aquellos años de separación y que aún no he grabado y que quizás nunca lo haga y se queden así engavetadas y desconocidas para siempre.


Dulce María Loynaz sentenció alguna vez que, después de cierta edad, quizá no debería escribirse poesía.‍ ‍

Yo pienso que todo depende de cuánta ingenuidad sobrevive dentro de uno, cuando desaparece la inocencia la poesía suele ser forzada. Me gustaría saber qué piensas.‍ ‍

Dulce María Loynaz era una mujer muy espiritual y sabia y sí, creo que tiene razón. Definir a partir de qué edad es lo que no creo que pudiera hacerse.‍ ‍

Yo por ejemplo, no siento hoy aquella necesidad casi obsesiva que sentía de escribir canciones. De hecho llevo tiempo sin escribir ninguna canción. Quizás un poco porque siento el peso de tener muchas, demasiadas —diría yo— canciones guardadas que presiento nunca verán la luz; quizás porque ya esa etapa de compositor de canciones está superada o saturada. Creo que estas desconocidas merecerían tener también su “tiempo de volar”… con la música es distinto. Sigo inventando música, casi a diario. Me siento a apuntar y dar forma a ideas… que también sigo guardando, almacenando en la trastienda del alma… y en discos duros (HD). ¿Por qué? ¿Para qué? No lo sé.‍‍‍

Percibo en tu obra una arquitectura atemporal sostenida por imágenes vivas, que mutan y generan nuevas lecturas. Hay canciones tuyas que están suspendidas en el tiempo.

‍Lo siento especialmente en «Diario»:

‍ «Vivo con mis sueños al pairo

‍ así, como siempre.»

‍ ‍«Sigo siendo lo mismo que en aquel entonces

‍ una oveja perdida, un poco más viejo

‍ o no sé, ¡tal vez más inocente!»

«Diario» es una canción muy especial… sui generis… un tanto misteriosa (en la mejor acepción de la palabra misteriosa) diría yo, entre todas mis canciones. Realmente no sé ni cómo surgió. Sencillamente llegó, fluyó y se materializó. Siempre he creído y sentido que en muchas de mis canciones, solo he sido como una especie de vehículo de algo que está más allá, algo que nos trasciende, sutil, intangible.

Creo que es uno de los misterios de la creación artística y creo que le pasa a todo creador. Krishnamurti dijo: «La inspiración llega cuando uno no la está buscando. Cuando toda expectativa se detiene, cuando la mente y el corazón se tranquilizan».

Hay algo de oficio, sí, pero hay otra fuerza que trasciende el control de la mente. «Diario», «Ay del amor» y «Diálogo con un ave», son las tres canciones que más recuerda el público que me sigue.

Luego en cuarto lugar yo diría que «En busca de una nueva flor» (conocida como “la canción del festival”, por el público.)

«Diario»
Mike Porcel
«Ay del amor»
Mike Porcel
«Diálogo con un ave»
Mike Porcel

‍ ‍

A propósito de «Diario»: 

«Ahora paso el invierno más cerca del mar.

No me faltan amigos, tengo un trozo de pan

mi guitarra y un hijo…»

Si pronuncio este nombre: Juan Primito.

¿Juan Primito? Daniel García… un viejo amigo, colega y actor que es recordado por su personaje en la novela «Doña Bárbara».


Si pronuncio este nombre: Charlie

¿Charlie? Pues es de lo mejor que hemos construido Millie y yo “a dúo”. Nuestro gran acierto: haberlo podido sacar de Cuba.

Hoy es un ser libre que piensa por sí mismo y anda su propio camino.


Compartes esta afirmación del historiador E. H. Gombrich:

«No existe, realmente, el Arte. Tan solo hay artistas».

No conocía esa cita de E. H. Gombrich pero sí, creo estoy de acuerdo.


Sigue siendo, a día de hoy, uno de los grandes discos de la música contemporánea cubana. Contiene una de las piezas más bellas, que además le da título al álbum: «En busca de una nueva flor». En este disco eras el director del grupo SÍNTESIS, aunque en la reedición de 1997 se omite.

Todos los arreglos y las composiciones emanan de Porcel.

Sé que esta canción te trae amargos recuerdos, ¿volverías a ella después de tantos años? Posee un mensaje poderoso.

Sí, en la reedición del proyecto se omitió mi nombre. Fue parte de todo un proceso de eliminación típico del régimen. Después de mayo de 1980 para Cuba yo fui una “escoria”, y como iban a darle promoción a nadie que osara disentir.

El grupo «Síntesis» fue un proyecto trunco; así lo recuerdo, pero años después logré “tomarme mi desquite” y grabé el CD «Echoes. Suite cubana para orquesta y banda rock», que rescato varios temas de aquel proyecto y que me permitió hacer las paces con aquel intento fallido.

No guardo los mejores recuerdos de aquella experiencia. ¿A «En busca de una nueva flor» supongo que te refieres? Trato de no volver a ella pero de alguna manera u otra la vida me fuerza a retomarla y/o rehacerla.

En 2005, mi amiga Norma Miranda Rojas —que por aquel entonces trabajaba para Radio Martí— me pidió que escribiera una canción-homenaje a las Damas de Blanco, el movimiento que surgió como respuesta a la ola represiva que encarceló a 75 opositores en 2003.

Toda la izquierda intelectual habla de las Madres de Plaza de Mayo, pero pocos o ninguno —nadie, que yo recuerde— menciona a estas valerosas mujeres cubanas que salieron pacíficamente a las calles para pedir libertad para sus familiares presos.

Yo no suelo hacer canciones “por encargo”, pero me sentí tan identificado con ellas, y tan molesto con la hipocresía de ciertos “izquierdosos”, que decidí aceptar la propuesta de mi amiga Norma y compuse esta canción titulada «Dama de blanco (mujer en vela)».

La música y la poesía de Oriente tienen una presencia importante dentro de tu universo creativo. Ahora mismo me vienen a la memoria trabajos como «Los dos pájaros» o el proyecto «POEM». Quiénes han sido tus grandes acompañantes espirituales: músicos, poetas, pintores o locos.

El proyecto «POEM» fue una linda y vigorizante experiencia artística que compartimos varios colegas y amigos: el guitarrista Jorge Fernández “Peppino”, recientemente fallecido, Omar Hernández, excelente músico en el bajo, Ricardo Eddy Martínez, otro gran músico y productor musical y yo… aunque desafortunadamente fue otro proyecto que no sobrevivió más que un par de conciertos… otro proyecto para la “inmensa minoría”, al decir de Juan Ramón Jiménez.‍‍

Yo vengo leyendo poesía desde los 13 años… Empecé con la «Iliada» de Homero (en esa época tanto me impresionó aquel relato que hasta quise ser arqueólogo… pero no… la música pudo más) y después no he dejado de leer poetas… y escuchar músicos. Aprendí a escuchar la música con las clases geniales que recibí del maestro Ángel Vásquez Millares. En sus clases se escuchaba buena música sin distinción. De Bach pasábamos a The Beatles sin escala. Esa visión tan amplia de la música creo que conformó mi modo de hacer.

En mi canción «Amigos» hago un recuento breve de estos “acompañantes espirituales” (cómo tú les llamas) ‍

«Amigos,‍

actores mal hablados ‍ ‍

pintores tiernos, ‍ ‍

poetas raros…‍ ‍

mal vistos y adorados»‍‍

«Amigos»‍ ‍
Mike Porcel

Sería injusto nombrar a algunos poetas, músicos, pintores como favoritos y dejar de mencionar a otros que igual me han marcado de una manera u otra … así que prefiero dejarlo así.

‍ ‍‍‍ ‍

Hace poco recordábamos algo que te dijo un parroquiano después de escuchar una de tus composiciones para teatro: «Deberías dedicarte a esto.»‍ ‍

Y lo cierto es que tus bandas sonoras poseen una sensibilidad muy poco común. Sorprende, además, la apuesta sostenida de Teatro Avante dentro del panorama cultural de Miami, casi como una pequeña resistencia poética ante la deshumanización cultural.‍ ‍

Pienso en obras como «Disonancia», «En ningún lugar del mundo», «Alguna cosita que alivie el sufrir», «Aire frío, Lina», «La peregrina» o la maravillosa «Matecumbe».‍ ‍

Qué te ha dado el teatro.

‍ Mi contacto con el teatro viene desde principios de los 70s cuando entré a formar parte del Teatro Estudio dirigido por Raquel Revuelta.

Allí conocí a grandes actores —de los mejores de Cuba— y tuve la suerte y la oportunidad de componer música para obras de teatro y trabajar con directores teatrales como Vicente Revuelta, Berta Martínez y Armando Suárez del Villar.

Allí conocí al actor Carlos Ruiz de la Tejera y juntos concebimos un espectáculo donde mezclábamos música, algo del teatro y poesía que dirigió el actor José Antonio Rodríguez, y fue mi primera experiencia como “actor” digamos… un poco fuera de la protección de la guitarra y la música.

Cuando pude salir de Cuba y llegué a España en el año 1989, además de otros proyectos (un CD, que orquesté y que grabó Elsa Baeza todo con canciones mías y un poema de su padre musicalizado por mí titulado «Vivir»

«Vivir» Elsa Baeza/ Musica Mike Porcel/ Texto Alberto Baeza Flores
Mike Porcel

Y la música que compuse para una serie de dibujos animados dirigida por Miriam Ballesteros «Meme y el Sr. Bobo», junto a Elsa Baeza y un grupo de colegas de distintas disciplinas artísticas, concebimos un espectáculo musical-teatral basado en la poesía de los poetas místicos Teresa de Jesús y Juan de la Cruz titulado «Aunque es de noche» para ser presentado en la expo de Sevilla 1992, pero no pudo ser estrenado. Razones ajenas a lo artístico conspiraron para que no se materializara; lo saco a colación para ejemplificar cuán marcado quedé con mi contacto con el teatro.

Al llegar a Estados Unidos, volví a conectar con el teatro cuando comencé a trabajar —desde 1995— con el grupo Teatro Avante que fundó y dirigió hasta su muerte reciente el actor y director Mario Ernesto Sánchez.

Todas esas obras que mencionas tienen música original compuesta por mí. Fue una reconfortante experiencia que me permitió sacar mucha música que tenía o llevaba por dentro.

Siempre estaré eternamente agradecido a Mario Ernesto por haberme dado la oportunidad de integrar el equipo de Teatro Avante y confiar en el aporte estético de la música a una obra teatral.

«Matecumbe». Escrita y dirigida por Mario Ernesto Sanchez
Mike Porcel
«Lina». Escrita y dirigida por Marcos Miranda
Mike Porcel
«Alguna cosita que alivie el sufrir». Escrita por Rene R. Aloma Dirigida por  Mario Ernesto Sanchez
Mike Porcel

Nos conocimos virtualmente en 2018, a través de mi investigación sobre el gran artista cubano, Reinaldo González Fonticiella.

Desde entonces he pensado mucho en todos esos creadores que permanecen ocultos bajo una especie de niebla histórica, lejos del reconocimiento que merecen.

Si pudieras rescatar un nombre del olvido, cuál sería.

¡Ah! Decir un nombre sería injusto… hay tantos… pero sí —y creo que haría justicia— podría nombrar a tres grandes compositores, una generación más joven que la mía que “casi” están en el olvido, que sobreviven “contra viento y marea”, haciendo buena música y textos inteligentes y no ceden ante la vulgaridad imperante. Son ellos Rubén Aguiar, Carlos Luis y Lázaro Horta.

Para ellos mi aprecio y mi admiración.

Todos ellos trabajando para una “inmensa minoría” y con el mínimo reconocimiento.


Sancho Panza abandonó la Ínsula Barataria cuando comprendió que ningún gobierno merece la pena si está sostenido por la humillación y la obediencia.

A veces pienso que Cuba continúa buscando ese mismo gesto de dignidad: quitarse de encima a los duques.

¿Cómo imaginas tú una Ínsula Barataria verdaderamente libre?

Soy un anti-comunista empedernido. Creo que el socialismo es un sistema diabólico que saca lo peor del ser humano con un discurso de igualdad falso —algo que no existe— que aparentemente pretende lo contrario. El capitalismo no es perfecto pero permite vías de perfección en la sociedad. Opciones a seguir. Contrario al socialismo que concibe un solo camino y el castigo para el que no lo siga.

Eso no es humano.

Los países están gobernados por hombres con mejores o peores intenciones, virtudes y defectos, no por santos. Los santos se retiran del “mundanal ruido” y nos dejan con el problema a resolver. Y que conste que no estoy en contra de ellos porque los creo muy necesarios. Es otro camino a seguir sencillamente. Al final todos vamos a parar al mismo sitio. Unos tomamos el camino largo; otros, el más corto.

No hay más remedio —para avanzar— que escoger, de lo malo, lo menos malo… porque nadie es perfecto; nosotros tampoco. Y es muy fácil tener la solución a los problemas del mundo desde nuestro rincón o en discusiones de café. Nosotros mismos tampoco somos los mejores ejemplares a seguir.

Tengo amigos que se han decepcionado hasta tal punto que han decidido no votar, no participar en el proceso democrático, y creo que esa decisión —que nace del desencanto, porque quizás esperamos o exigimos demasiado de los demás— es un gran error. Eso es exactamente lo que los malvados esperan: que los hombres buenos no hagan nada. Es todo lo que necesitan para triunfar.

Recuerdo una frase de Platón: «El precio de desentenderse de la política es ser gobernado por los peores hombres», y eso es exactamente lo que ocurre cuando nos retraemos.

Pero los pueblos, la gente, tienen que volver a recordar que es necesario, imperativo, retomar el proceso de pensar. Solo así podremos ser capaces de detectar “al lobo con piel de oveja” que nos quiere vender el cuento de la justicia social, y que una vez llega al poder ya no se quiere retirar.

Creo que esta canción «Vencidos y vencedores» que incluí en mi CD «Déjà Vu» que es una recreación de una estampa del Quijote y Sancho resume mejor mi reflexión sobre este tema.

«Vencidos y vencedores»
Mike Porcel

A partir de la idea atribuida al Tao Te Ching de Lao Tsé —según la cual la enseñanza más eficaz es aquella que no se impone ni se exhibe, sino que se integra de forma silenciosa en la experiencia del otro—, ¿cómo se traslada ese principio al lenguaje musical y a la práctica creativa?

Soy un asiduo lector de Lao Tsé… lo retomo a cada rato, cuando siento que estoy perdiendo el rumbo.

Descubrí el «Tao Te Ching» siendo muy joven y creo que muchas de sus reflexiones sobre la vida las he ido incorporando a mis textos.

En mi caso, ese principio del que hablas, en cuanto a la música, ha llegado escuchando mucha buena música de otros creadores, otras épocas, otros estilos y otras culturas. Creo que esa simbiosis ha ido conformando esa manera “peculiar” y —afortunadamente personal— de sonar de Mike Porcel.


Solo creo en las buenas personas y en la familia.

Cuál es tu credo, Mike. Qué filosofía te sostiene cuando el ruido del mundo no te deja ver con claridad.

Creo —como dije en «Diario»— en el amor… ese que no pasa por el filtro de la mente y el razonamiento.

El amor no es una reacción. No se compra en el mercado.

Amar es no pedir nada a cambio por eso el amor verdadero es libre.

Y antes de terminar esta conversación, creo que ya nos debemos un café las dos familias.

Pues sí… o nos acercamos Millie y yo a Madrid o ustedes a Miami… pero mientras podemos seguir manteniendo esta conexión virtual que nos ha traído hasta aquí.

Gracias por tu apoyo y por vuestra amistad.


Roberto Carril Bustamante nació en La Habana, Cuba, en 1970. Su formación profesional comenzó a los doce años en la Escuela de Artes Plásticas Paulita Concepción, graduándose posteriormente en la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro en 1989. En 1990 comenzó a trabajar como especialista en el Centro de Diseño Ambiental del Fondo Cubano de Bienes Culturales. Fue invitado en 1991 a editar sus creaciones en el Taller de Gráfica Experimental de La Habana. En 1993 fijó su residencia en Madrid (España), donde se especializó en Diseño Gráfico, un sector en el que ya tiene más de veinticinco años de experiencia.

Desde finales de los años ochenta ha realizado numerosas exposiciones individuales y colectivas; la más reciente «Mirabilia», en el año 2018, que tuvo lugar en el Centro Cultural Galileo (Madrid, España). Pero su inquietud le ha llevado a adentrarse en proyectos como el poema visual orquestado «Los dos pájaros», para el que creó ilustraciones que luego serían completadas con la música compuesta por Mike Porcel y el diseño e ilustración del nuevo álbum de Porcel, «Déjà Vu», o la colaboración con la familia del escultor cubano Reinaldo González Fonticiella, en el proyecto LEGADO FONTICIELLA. En 2022, publica los libros de poesía ilustrada, «Nube de la dulzura» y «El cerdo volador».

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