Entrevista a Antonio Guedes Sánchez

JOAQUÍN GÁLVEZ

Antonio (Tony) Guedes Sánchez nació en Unión de Reyes, provincia de Matanzas, Cuba, en 1951. Médico de familia, ha ejercido en Madrid, donde reside junto a su familia desde 1981. Máster en Residencias de Tercera Edad, Geriatría y Gerontología Práctica, obtuvo el título por la Universidad de A Coruña y la Fundación Española de la Tercera Edad. Treinta y dos créditos del Doctorado de Pediatría y Puericultura (1986-1987), en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid. Director del Centro de Salud (EAP) de Orcasur, entre 1992-2020. Ha sido presidente de la Unión Liberal Cubana, partido político fundado en 1990, y miembro de la Asociación Internacional Liberal. Presidente de AIL (Asociación Iberoamericana por la Libertad). Miembro del Comité Cubano Pro Derechos Humanos en Madrid. El Municipio de Unión de Reyes en el exilio lo proclamó Hijo Predilecto en el 2015. Ha publicado, entre otros, los libros Hoy como ayer (Memorias), Contigo en la distancia: Unión de Reyes en los años 50, y Del dicho al hecho: la leyenda de la sanidad en Cuba 1902-2024. Unión de Reyes en los años 50 del siglo XX. Recientemente le concedió esta entrevista a Insularis Magazine.

JG: Naces en Unión de Reyes, Matanzas, en 1951, por lo que parte de tu infancia transcurre entre la experiencia de los últimos años de la etapa republicana y los inicios de la Revolución castrista. ¿Cómo repercutió en tu vida esos años de transición en la vida política de Cuba?

 AG: Entre las imágenes vivas que tengo del año de la caída (más bien huida) de Batista y triunfo de la Revolución, es que estábamos, como en todas las fiestas de Navidades y Año Nuevo, en casa de mis abuelos en el Central azucarero Conchita. La mayoría de las personas apoyaba ese triunfo. Estaban muy entusiasmadas por la huida de Batista y por la nueva etapa que comenzaba: era todo un delirio, empezando por parte de mí familia. Pero no todos: mis padres y algunos tíos tenían sospechas que aquello era una farsa, una mentira y que era comunismo. Al poco tiempo la historia les dio la razón, aunque nunca se imaginaron la proporción del engaño y del sufrimiento que vendría. Este período me “robó” el final de la niñez y después se extendió a la pubertad, adolescencia y juventud, hasta que salimos de Cuba. Un tiempo que nos ha marcado significativamente para siempre, por la falta de libertad y la continua degradación de nuestra nación, aunque a su vez nos ha servido para darnos cuenta, sin ninguna duda, de la estafa de las ideas comunistas.

JG: Decides estudiar la carrera de medicina, a pesar de practicar la religión católica. ¿Qué dificultades trajo para tu vocación profesional el hecho de que realizaras tu carrera dentro de un sistema ateo que se oponía a la práctica religiosa y, específicamente, al cristianismo?

AG:  Logro comenzar la carrera de medicina, pero en cuarto año, me expulsan a pesar de mis excelentes notas y buena conducta, las razones fueron entre otras por ser católico practicante, no ser marxista y tener relaciones con vecinos y feligreses de nuestra parroquia que eran extranjeros. Todo eso ocurrió en medio de unas purgas que realizan públicamente delante de todos los compañeros y profesores, para comprometerlos y al mismo atemorizarlos, en lo que llaman pomposamente “Asambleas Comunistas de Crítica y Autocrítica o Asamblea por la Educación Comunista”. Después de una gran insistencia por mí parte ante el rectorado, donde estuve que asistir a unas a “comisiones” de disciplina, logré que me dieran por escrito las razones de la expulsión.

Quiero recordar las palabras de mí padre en ese momento: “hijo, te han dado un título, porque no te han expulsado por ser mal estudiante, ni por mala conducta, sino por ser católico practicante y por tus principios”.

Pude graduarme de médico de familia años después en España. Todo ello y las consecuencias de tomar opciones en la vida en un sistema comunista, están recogido en mis memorias publicadas en Amazon: ”Hoy como ayer”.

Día de la boda en la Iglesia Jesús de La Habana, con el padre Carlos Manuel de Céspedes

Cortando caña en su época de Seminarista

JG: ¿Cuándo decides abandonar Cuba y qué razones te obligaron a tomar esta decisión?

AG:  Realmente decidí abandonar Cuba, junto a mis padres y hermana, desde que tenía los 12 años, pero por las negativas de salida del gobierno, cumplí mis 15 años de edad y no me autorizaban salir del país hasta por lo menos los 27 años, era una etapa que prohibían irse de Cuba a los varones de 15 a 27 años por lo que llamaban la edad militar. En definitiva pude salir del Infierno, a los 30 años, casado, con una hija nacida y otra por nacer. Las razones se resumen en  la falta de libertad, el mundo asfixiante del comunismo.

JG: ¿Cómo fueron tus primeros años de exilio en Madrid y cómo logras continuar tu profesión de médico?

AG:  Habíamos llegado a España con una visa de turista que debíamos renovar cada tres meses, en la Comisaría de policía más cercana al domicilio. Nuestra estancia en España estaba autorizada por una figura legal que se llamaba “permanencia”. Este status no permitía trabajar legalmente, cualquier trabajo tendría que ser ilegal. Estuvimos en esa situación durante cinco años, hasta que pudimos adquirir la nacionalidad española. Mientras tanto trabajaba cuidando enfermos, nos ayudaron mucho nuestras familias y amigos de E.U, además del apoyo que recibimos de españoles y cubanos de Madrid.

Desde los primeros meses de la llegada a España, recibí la documentación necesaria para convalidar los años estudiados de medicina en Cuba, gracias a  la ayuda de mí hermana y de otros buenos amigos de Cuba, matriculé en la Universidad Complutense de Madrid y además cursé lo que faltaba de carrera en el Hospital Clínico ”San Carlos”. El Alto Comisionado de la N.U (ACNUR) y la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), me reconocen como refugiado, entre otras cosas por ese documento de la expulsión de mí carrera que logré sacar de Cuba, en definitiva me dieron una beca para los estudios y además por estar casado y tener hijos. Pero debo decir que los primeros años aunque feliz de vivir en libertad y poder terminar la carrera, sin embargo fueron de gran estrechez económica, pero mereció la pena, jamás nos hemos arrepentido de la opción de la salida de Cuba.

JG: Decides entrar en el activismo político para luchar en pos de la causa de la democracia y la libertad en Cuba. Qué te motivo tomar esta decisión y cómo llegas a ser miembro de la Internacional Liberal y más tarde presidente de la Unión Liberal Cubana.

AG:  El motivo de iniciarme en la lucha en pos de la democracia en Cuba, es una exigencia moral, que es consecuencia de mi compromiso de Fe, para aportar un “granito de arena” en la lucha por la libertad de Cuba. Comencé colaborando con la Asociación por la Paz Continental (Asopazco), fundada en septiembre de 1988, como apoyo a la defensa de los Derechos Humanos en Cuba, cuya presidenta de la organización era la española Mary Paz Martínez Nieto. Ya en 1990, me integro, a la Unión Liberal Cubana (U.L.C), al ser una persona de concepción liberal en el sentido europeo y por invitación de un gran amigo Felícito Rodríguez, que ya pertenecía a la U.L.C, partido fundado por el gran amigo, escritor y analista Carlos Alberto Montaner. La Dra. Martha Frayde fundó y presidió en Madrid la sección española del Comité Cubano Pro Derechos Humanos, a principio de los 90, me invitó a participar y me incorporé también.

JG: Tu activismo político está ligado a tu labor junto a Carlos Alberto Montaner. ¿Cómo se forjó tu amistad con él y cuál fue la impronta que dejó compartir a su lado la misma afiliación política por la causa cubana y los valores de la democracia?

AG:  Aunque había conocido personalmente a Carlos Alberto al poco tiempo de llegar a España, sin embargo, la amistad, prácticamente la hermandad, se forja a partir que mi amigo Felícito me invita a participar del valioso proyecto de la U.L.C y al mismo tiempo integrar la Plataforma Democrática Cubana, que formaban parte los Social Demócratas, los Demócratas Cristianos y los Liberales. Gracias  a la ayuda y consejos del expresidente de España, Adolfo Suárez, nos integramos a la Internacional Liberal. Carlos era una persona excepcional, generosa, magnífico amigo, tolerante, de gran capacidad de escucha, buen escritor, conferencista y analista político, un liberal pleno y con una visión muy clara sobre lo que debía ocurrir en nuestra patria, la democracia, el estado de derecho y un país de economía de mercado. Mi experiencia política y mis análisis  sobre ella se lo debo en gran medida a Carlos Alberto. Juntos estuvimos en mil y una faena para ayudar a los cubanos a lograr su libertad. Lo echo de menos y aún más en estos tiempos donde se abre una ventana, aunque incierta, para que Cuba pueda lograr la democracia.

Con Carlos Alberto Montaner

JG: A propósito de la Unión Liberal Cubana, ¿se mantiene activa? ¿Nos puede mencionar algunas de sus propuestas fundamentales para propiciar un cambio hacia la democracia en Cuba?

AG: La U.L.C en febrero de este 2026, se disolvió por votación mayoritaria de los miembros que en ese momento estábamos activos. La ULC ha abogado por la liberación de todos los presos políticos en Cuba, por el respeto de los Derechos Humanos y por unas elecciones libres y democráticas, supervisadas por observadores internacionales. La Unión Liberal Cubana formulaba una política a corto plazo (terminar con el castrismo/comunismo de manera pacífica); una política a medio plazo (una transición sosegada hacia otro modelo de estado con la ayuda de una amplia red de gobiernos y partidos amigos); y, a largo plazo, sentar las bases para lo que sería la consolidación de un futuro partido liberal fuerte. La U.L.C se creó no sólo para retar a Castro en el terreno político, sino también para apoyar de manera sistemática y continua la oposición democrática interna y para contribuir a tutelar la transición a la libertad, cuando se produjera el cambio, volcando sobre Cuba las benéficas influencias democratizadoras de decenas de gobiernos amigos y de centenares de partidos políticos afines.

En la Casa de América con Mario Vargas Llosa, Juan Jesús Armas Marcelo y Yoani Sánchez

JG: Recientemente, una joven activista cubana, Amelia Calzadilla, fundó el Partido Liberal Ortodoxo
Cubano. ¿Qué opinas sobre esta iniciativa y de la formación de nuevos partidos políticos con miras a la Cuba del futuro?

AG:  La fundación de un nuevo Partido Liberal Clásico, al igual que otros partidos políticos con una vocación plenamente democrática, me parece excelente, es muy importante que los cubanos participen en la vida política con partidos de diferentes signos democráticos. No basta con las denuncias de las violaciones de los Derechos Humanos, ni solamente con el activismo cívico en sus diferentes modalidades. Hay que comprometerse a corto, mediano y largo plazo con proyectos a proponer y con vocación de gobierno para una Cuba libre.

JG: ¿Qué te motivo a escribir tus memorias, Hoy como ayer? ¿Qué es lo que más te gustaría que aprendieran los lectores este libro a partir de tu vivencia en Cuba y en el exilio?

AG:  La motivación primera y principal fue dejar el legado a las hijas y los nietos, de mis experiencias personales, las de la familia y del contexto de Cuba en cada momento vivido, por eso la primera edición fue para ellos, el resto de la familia y algunos amigos. Después, Felipe Lázaro (de la editorial Betania) y Carlos Alberto Montaner, me estimularon para que lo publicara en Amazon, porque consideraban que tenía un valor al describir la realidad de nuestra historia cubana contemporánea y la labor realizada por la libertad de Cuba. Se recoge a veces de una manera prolija, todas las dimensiones y momentos de lo vivido en el comunismo cubano. Las Memorias llegan hasta la pandemia del Covid. Me gustaría que fundamentalmente las nuevas generaciones cubanas, la leyeran, ya que no han vivido todo lo que aconteció en Cuba en las primeras décadas del régimen cubano. Es importante conocer la historia si no se quiere repetir los errores y se desea construir un futuro mejor.

JG: Recientemente, publicaste Del dicho al hecho, la leyenda de la sanidad en Cuba 1902-1924, un libro que desmitifica el sistema de salud de la Cuba castrista y reivindica el desarrollo de la medicina en la Cuba republicana. ¿Qué te propusiste al escribir este libro y que aporta para revelar la verdad sobre el sistema de salud en Cuba, el cual ha sido manipulado por la propaganda castrista, a tal punto que en muchos países desarrollados democráticos se menciona a Cuba como ejemplo de potencia medica que los supera?

AG:  Es muy importante decir la verdad, ante el “mito” de la salud que el gobierno cubano que comenzó en el año 1959 presenta orgullosamente al mundo como sus “logros”. Hay que desmontar el relato oficial, para no engañar ni al cubano, ni a los organismos internacionales –que no cuestionan la versión estatal–, como tampoco a la opinión pública internacional. Es fundamental demostrar con datos objetivos publicados por organismos internacionales y por el gobierno cubano, que ese régimen es extremadamente ineficaz incluso en lo sanitario. Los éxitos y logros sanitarios cubanos que se dieron en la etapa “revolucionaria” tienen en primer lugar una base de desarrollo importante –y de vanguardia– en la Cuba de 1902-1958. Están, además, mediatizados y soportados por la abundante y continuada ayuda que el gobierno de la Isla recibió, mientras existió, de la Unión Soviética y de los países del bloque de Europa del Este. Añádase que el gobierno cubano ha estado ocultando, a su vez, los elementos negativos de la sanidad actual, que lleva a una debacle progresiva y de sus verdaderas causas.

JG: Para terminar, ¿trabajas en la actualidad en algún proyecto para seguir contribuyendo a la causa de la democracia y la libertad en Cuba?

AG:  Hasta el último instante, con la ayuda de Dios, que tenga la capacidad de trabajar en pos de la libertad y democracia de Cuba, ahí estaré. En estos momentos me invitan a conferencias en Universidades con jóvenes no cubanos, que les interesa la política internacional y el derecho. Además colaboro con las nuevas generaciones de cubanos, apoyándoles en proyectos políticos para la libertad de Cuba. Asisto a centros de pensamientos o reflexión para aportar ideas sobre Cuba. Participo en medios de comunicación cuando soy reclamado para opinar sobre nuestro país y su realidad.


Joaquín Gálvez (La Habana, 1965). Poeta, ensayista, periodista y promotor cultural. Reside en Estados Unidos desde 1989. Se licenció en Humanidades en la Universidad Barry y obtuvo una Maestría en Bibliotecología y Ciencias de la Información en la Universidad del Sur de la Florida. Cursó estudios de postgrado en Literatura Española e Hispanoamericana en la Universidad Internacional de la Florida. Ha publicado los poemarios Alguien canta en la resaca (Término Editorial, Cincinnati, 2000), El viaje de los elegidos (Betania, Madrid, 2005), Trilogía del paria (Editorial Silueta, Miami, 2007), Hábitat (Neo Club Ediciones, Miami, 2013), Retrato desde la cuerda floja (Poemas escogidos 1985-2012, Editorial Verbum, Madrid, 2016), Desde mi propia Isla (Editorial El Ateje, Miami, 2022) y Efluvios (Media Mix 305 Ediciones, Miami, 2025).  Ha publicado también ¡Cuídate, Cuba, de tu propia Cuba! (Neo Club Ediciones, Miami, 2024), libro sobre cultura, política y sociedad. Textos suyos aparecen recogidos en numerosas antologías y publicaciones en Estados Unidos, Europa y América Latina. De 2015 a 2017, fue editor y miembro del Consejo de Dirección de la revista Signum Nous. De 2009 a 2024, coordinó la tertulia La Otra Esquina de las Palabras. Es editor de Insularis Magazine, revista digital de Literatura, Arte y Pensamiento.

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