Vis imago
JOSÉ RAÚL VIDAL Y FRANCO
Sí, ecce homo ꟷen el sentido estrictamente latino del término. El poeta distingue desde el mismo título los episodios de una travesía a veces fatídica, otras iluminativa; pero tensionada siempre por el propósito de un compromiso vital: el camino de sí inscrito en pensamientos y actos. Cara, designa a la persona; ancestro, su esencia. Ambos se develan aquí como mediados por un espejo desde la parte más viva y más pronta del ser. Es el yo íntimo de un lado ꟷmuchísimo más revelador que el resto del cuerpoꟷ; es la historia por otro, que desde ya recibe una renovada gratitud. Semejante espontaneidad se debe a lúcidas observaciones y al efecto de una lealtad verificada, de modo muy especial, en la imagen Cara de ancestro.
Ruben no es de los que busca ser centro de atención; él solo trabaja, lucha y se compromete desde un silencio solemne y ritual, a hacer lo que nadie se atreve: ¡empezar o recomenzar!,(“sin importar ruidos”, ¡ahí está la magia!) —dice, con la autoridad de quien ve lo vasto en lo mínimo.
Cara de ancestro discurre a través del discurso poémico que ofrece una visión desde dentro del ser, de las batallas que ha enfrentado, de sus victorias y reveses, y de lo que significa estar en medio de la lidia humana. Cada vocablo, cada símbolo, posibilita ese andar que instituye la sociedad, la historia y la cultura. No admite la queja, no pospone; construye su obra con una voluntad épica, fraguada al calor de lo contingente que el contexto trata de mensurar en pasajes y el bardo desmigajar en vivencias. Sabe que muerte y vida coexisten: la una implica a la otra. No teme, también lo sabe, sino al infortunio de ser sorprendido sin haber concluido la obra. De ahí esa sonrisa torcida con que suele descolocar toda tesis existencialista: ¡pues si no hay guion, lo escribo yo!
Asimismo, se presenta como el sujeto integrador de los temas, y por demás, de las partes e imágenes que estructuran este singular cuaderno. El verso no viene aquí inconsútil; interactúa con la imagen cuidada en su base plástica, diversa y comunicativa. Trata la poesía como vehículo de valores éticos y estéticos sin las estridencias del silogismo. Sopesa en ella los claros-oscuros del ser junto a la luz del universo que preludia simbólicamente un renacimiento, ya sea físico, mental o espiritual. El proceso creativo resulta savia del devenir interior; transformador; de profunda integridad personal. Su mérito excepcional insta, sin perder su talante lúdico, a la reflexión del lector. Va de los momentos comunes a otros colmados de significados: ve y escucha, aprende y actúa. Permanece atento y no descuidado.
Para el poeta, cada instante es lección de vida. Ciudad, hombre y naturaleza derivan en fuentes del símbolo como lenguaje del alma; de su alma. Y de esa expresión simbólica, a veces grandilocuente, a veces sencilla e inmediata, se traduce el esfuerzo por descifrar un catauro de resonancias, alusiones e impresiones que definen su historia, pensamiento y escritura. Hombre y bardo, hace todo lo que dice; vive todas sus palabras. Entiende que la vida no es lineal: es luz brotando de la sombra, color asiéndose al vocablo. No idealiza; muestra belleza real, suciedad real. Ahí están los rostros angélicos frente al vuelo degárgola; y, por tanto, la intercesión de lo divino ante lo humano. El contraste (ángel-ave mitológica) subraya vida sobre muerte. La imagen no es solo visualmente plástica, sino también una alegoría de los valores ontológicos que hacen o deshacen a la persona humana. Sabe que la imitación de la existencia anida entre los propósitos de la poesía. Por eso en ocasiones incomoda; por develar sin ambages esa radiografía lúcida del ser inscrita en una explosión de versos, figuras y colores. En ese marco, logra hacer arte del arte e historia en medio de la Historia.
El poeta se totaliza y se hace fértil hasta perfilar su individualidad creadora, forjada por décadas de historia compartida y ascendencia. Subraya que estudiar el camino de los ancestros da sentido a la identidad. Habla de Byrne, el poeta de la inmigración; de Ybor City,barrio histórico de Tampa; de tabaqueros, de libertad y de Patria desde el exilio necesario, como lo llamara Martí.
Cara de ancestro, atiende a la integración del fenómeno estético, histórico, y filosófico al espacio de un mundo ético hecho poesía. Todo tratamiento es único (amor, exilio, patria, tabaquero, niño, mujer, etc.), hasta un bestiario que asocia a valores o antivalores del ser (fieras, zarpazos, garras, etc.). En este sentido, siente tocar los dos planos cósmicos: terreno, con pies y mano; celeste, con pecho y frente. Como Dante, ha descendido al averno sin un Virgilio que lo guíe. Y regresa renacido de sí mismo: ¡nunca tan vivo o muerto!; trae consigo la experiencia de haber atravesado guaridas y recónditos atajos; de haber visto el abismo de la estridencia humana. Tematiza entonces polaridades simbólicas que estructura sobre una consecución de causas y efectos, y por ende, de ordenación semántica a lo largo del poemario.
Su experiencia le permite intuir igual el licantropismo que alcanza mover al hombre; como cuanto puede también mejorar su humanidad. Pero éstas son nociones sumarias. Frente a bestia, lomo y colmillos impone montaña, cúspide y sol. Cada vocablo designa un símbolo que recoge lo inenarrable; aquello difícil de decodificar sino a través de lo simbolizado donde lo puramente sensible se manifiesta: casa, lámpara, cielo, latidos, luz, espíritu. En fin, la vida revelada en toda su riqueza de evocaciones y sugerencias por encima de la ruindad del ser: amor en espada lira.
No falta, por otra parte, el tema masónico al mejor estilo tradicional; ese que conecta a grandes figuras de la literatura decimonónica nuestra: Byrne, Juan Clemente Zenea, José María Heredia o Martí, todos poetas, Hijos de la viuda; especialmente tratándose de Cuba referida por el Apóstol como una viuda triste. Dice Ruben: filosofía, amor y desdicha encontrarás en este poemario masónico. En esa tesitura, es latente su activismo, lo mismo en la isla que en el Exilio, por encima de cualquier barrera y contingencia histórica.
Basta observar la composición de las imágenes que extienden los textos, sus disposiciones, sus colores, para percatarse el lector que está ante un sistema de símbolos imbricados entre sí, que, en su conjunto, confieren un profundo sentido de presencia y deber, de equilibrio y respeto, indispensables en el camino hacia la armonía de todo y todos.
El poemario se distingue por su tono íntimo y afectuoso a veces, sobrecogedor y mordaz otras; pero alejado del compromiso estricto con la forma y las convenciones sociales. Ruben se aísla sabiendo que las mejores obras nacen de la aquietada solitud. Allí, redescubre la diversidad y los desafíos de la existencia inmerso en su viaje poético. Desde allí, expone además la integridad del hombre frente al revés, convencido de su rol en la vida y del momento que le ha tocado vivir.
Libra de la espada mi alma, del poder del perro mi vida. (Sal. 22:20)
José Raúl Vidal y Franco
* La proximidad amistosa del nombre Rubén sin tilde y los neologismos en estos textos iniciales, son armónicamente intencionados por el colega José Raúl Vidal y Franco.
En la foto, (de derecha a izquierda): Joaquín Gálvez (Escritor y poeta); Delio Regueral (Fotógrafo); Rubén Santos (Historiador, poeta, periodista, pintor surrealista); José Raúl Vidal Franco, (Escritor).
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José Raúl Vidal y Franco. Nació en La Habana en 1968. Ensayista y crítico. Profesor investigador de la obra martiana. Autor de José Martí: a la lumbre del zarzal (2014) y Los Versos libres de José Martí: notas de imágenes (2015). La Narrativa cubana del Exilio (2015). Otros trabajos suyos incluyen: El ritmo semántico como principio estructurador de los Versos libres (1995). La naturaleza en Martí: motivo de una reflexión (1995). Amor con amor se paga: un proverbio inmenso (1994), Lo de Puerto Príncipe (1994). Dirige la editorial Dos Patrias. Colaborador de Nagari, Revista de Creación Literaria. Vive en el exilio, Miami desde 1998.

