Polvo de alas de una gran mariposa: el último poemario de José Martí
JOSÉ RAÚL VIDAL Y FRANCO
Presentación. Dic. 6 del 2025
La poesía siempre es una invitación a asomarnos a la vida de su creador; especialmente, sí partimos del hecho de que la vivencia es el alma del poeta. Y si bien es cierto que no puede escribirse la biografía de un autor a partir de sus versos; sus versos revelan claves para entender mejor la vida del biografiado: poesía es esencia. (21, 176)
Desde este criterio, en el mundo de la literatura pocos son tan venerados como José Martí. Su obra ha sido objeto de atención permanente por la calidad estética, el talante humano y la trascendencia de sus conceptos. Dentro de esta, la lírica, en especial Polvo de alas de una gran mariposa, ofrece por su carácter sumergente, tema y estilo, nuevas aristas de lecturas. El poeta nos invita a contemplar la belleza de la existencia desde la intimidad y la plenitud del presente, como si advirtiera en cada verso, lo efímero de la vida y la transitoriedad del momento:
—ve de pronto el caminante atribulado esas mariposas de luz que serpean como estrellas caídas que aún palpitan— por entre las raíces y los tallos, y truecan en hojas verdes y resplandecientes las hojas antes negras y sombrías! (21, 330)
Cualquiera que esté entrenado en la lectura de versos, puede percatarse fácilmente cuando lee a un poeta de academia o de biblioteca o de diccionario, y a un poeta nacido poeta. No importa cuanta perfección se vea en la forma, cuanta rima se logre, cuantos vocablos retumbe con fuerzan; si no hay alma en los versos, estamos frente una ambrosia subcultural plagada de sinsentidos y vacuidades. El propio Martí, al comparar a dos grandes de nuestra literatura: La Avellaneda frente a Luisa Pérez de Zambrano, decía, en ese orden: se hacen versos de la grandeza, pero solo del sentimiento se hace poesía. (8, 311)
Con esto en mente, es mi aproximación a Polvo de alas de una ... (junto a su 2da. sección La Pena como un guardián) al considerarlo, no el cuarto, sino el último poemario de José Martí. Último, porque más allá de los conocidos (Ismaelillo, Versos sencillos y Versos libres), en ese orden, no existe otro con similar formato o estructuración, entiéndase: proemio, hoja índice, cohesión temática, contenido semántico, e incluso experimentación del lenguaje, que se distinga como tal dentro de la producción lírica martiana. El resto de los poemas quedan sujeto a la criba de versos de circunstancias, cartas rimadas, dedicatorias, poemas varios, poesía de exilio, etc., adentro de la papelería hasta ahora conocida del poeta, pero nunca como poemarios per se. Decir el cuarto poemario y no el último, implicaría —como número ordinal—, que pudiera existir un quinto, un sexto, un séptimo; y no es el caso hasta hoy.
Una mirada de conjunto, daría solo para afirmar que:
al margen de los cuatro libros fundamentales en que la poesía de Martí ha sido recogida, sus versos de circunstancias constituyen una zona tan extensa de su obra lírica, que con ellos podría componerse un volumen cuya extensión superaría la de cualquiera de aquellos. (de Armas, E. Un deslinde… 104)
Tal intento quedaría, sin embargo, condicionado a buenas voluntades editoriales y, de modo operacional, sólo para disfrute de una lírica martiana más extensa; pero nunca ajustado a la intención del autor que no los concibe como cuerpo poético, mucho menos para publicar:
Escritos al dorso de retratos, en páginas de álbumes y en tarjetas para acompañar un ramo de flores; dedicados a compatriotas y amigos, y en ocasiones a los hijos de estos, dichos versos, sin embargo, poseen la importancia póstuma que las obras menores de todo gran escritor llegan a adquirir. (de Armas, E. Un deslinde… 104)
Amistad, mujer, niño, hogar, exilio, gratitud, marcan el tono específico de esta zona lírica martiana. Con el vigor de mantener cercanía personal, los versos de circunstancias son a la emigración cubana, lo que la oratoria a la convocación por la patria ausente, debiendo interpretarse todos a partir de este centro e intensión comunicativa.
A diferencia de lo antes dicho, con Polvo de alas de una… estamos frente a una obra maestra deliciosamente impecable; donde cada verso alterna en sinfonía tan armonizada como igual refiere a una experiencia de vida. Son poemas vertidos sobre el papel desde el misterio de la sensibilidad y la elegancia que solo la amada puede inspirar y el amante develar. Cada texto dibuja imágenes cargadas de amor o desamor, de goces y soledades, de llegadas y despedidas, a través de detalles, a veces sublimes a veces sutiles o incluso inadvertidos, pero detalles, al fin y al cabo, que nos meten de lleno en el asunto personal que uno tras otro cuentan. El poeta modula en sus versos el placer junto a la ternura, el deseo que arde junto al toque que lo encanta. Todos resumen ese juego de la piel como vehículo para demostrar cuanto se alegra, cuanto se duele, por amor o por ausencia. No puede escapar de su historia. Siente que la poesía es hermosa; igual a ella, y a la vez no tanto. Más que fastuosos sonidos, acentos perfectos y rimas precisas, tiene que decir algo que sea verdad. Aprovecha entonces la ocasión, aun desafiando el tiempo que pasa veloz en ocasiones y en otras se ralentiza para disfrutar el encuentro con la amada: un encuentro marcado siempre por un desosiego nervioso y el presagio real de la ausencia:
Quema el sol; muere el césped; arde el llano;
Reluce el mar; ¡Dios mío!
¿Cómo en mitad del férvido verano
Siento yo tanto frío?
Este es un libro sensible, cargado de breves sugerencias que encuentra en el imaginario del lector su mejor amplitud.
Los poemas adquieren un carácter de desgarro íntimo. El poeta siente que en la vida está de paso. Es el transeúnte que se reconoce desde el silencio:
Cuando le digo adiós, se queda el alma
De pálida y sagrada* angustia llena,
Como queda un palacio
Cuando se ausenta de él la joven reina.
En la parte central de Polvo de alas de una… el amor es vehículo de confianza y respeto, revelados como máxima expresión de dos seres en uno:
Aunque pases, pasa! —
Muerto, aún verán que de mi cuerpo surge
El pálido perfume de tu alma.
Es claro que Martí no reinventa la poesía. De hecho, percibimos en muchos versos esa veta romántica, aunque tardía, recurrente. Pero tampoco recalienta el romanticismo. Entiende que hablar del amor solo puede hacerse desde la sencillez que es el amor:
Cuando viene el verso
No se sabe bien:
Pasas tú, —y el verso
Pasa también.
La misteriosa mujer que inspira el contenido lírico de este cuaderno es constante, tanto que lo marca a modo de diario poético. Ella es protagonista; sin ella no puede el lector adentrarse en los recovecos emocionales que se sugieren. Hembra, pasión y verso dan la clave de la nota amorosa en la que resuena, suspendida en el aire, una delicada tonalidad becqueriana. La metáfora no adorna; vela y revela. De ahí que el leguaje, descargado de todo artificio, sea muestra de la sencillez que acentúa la totalidad temática de este manojo de versos.
Por esa avenida discurre este conjunto poémico, de profundo talante romántico que, al decir de Emilio de Armas, son versos:
misteriosos porque no sólo se desconoce cuándo fueron escritos, sino porque la experiencia amorosa que les dio origen también se desconoce. Su lectura demuestra que tal experiencia fue vivida muy intensamente por el hombre, y guardada muy celosamente por el poeta. (de Armas, E. Polvo de alas… 14)
Y cabe preguntarse ¿por qué ese talante misterioso que nos llega hasta hoy? Hay aquí una suerte del pacto del caballero decimonónico, basado en la palabra dada, el honor y la confianza mutua para mantener el secreto de una relación e intacta la moral de una dama. No olvidemos las exigencias del Martí figura pública, donde no hay espacio para distracciones personales, o el férreo látigo de la moral victoriana imperante. Desde este punto de vista, en este contexto y desde su situación específica se presentan estos versos con todo lo que a su contenido y sencillez íntima se refieren. Como sea, persona, lugar y época, integran la facticidad y validez del poemario. Ello explica el carácter excluyente de la crítica y el halo de misterio que ha velado por más de una centuria estos poemas. Ante esta realidad cualquier objeción aparece exclusivamente como una mutilación de la obra y un rezagado descuido en el curso de la historia de la literatura cubana. Se ha preferido esculpir la estatua de frío y mármol que leer al hombre de carne y hueso. El mismo que escribe:
Pues digo que el ajenjo
No es más amargo
Que un amor que no puede
Salir al labio.
Silencio y discreción son las palabras que revelan estos versos marcados por la vivencia de un amor intensopor una mujer, a la que se alude en los textos de modo singular:
Palabras? ya sé: palabras,
No me las puedes decir;
Pero mirarme, sí puedes:—
Basta para vivir!
Versillos de puro piropo o requiebro —como se le llamaba en el XIX—, este exquisito epigrama abrevia de modo sugerente y halagüeño, cuanto de incitante sensualidad inspira al poeta. Es una expresión gentil y divertida de coquetear con la pareja. De hecho, palabras, adquiere aquí su carácter simbólico en virtud de la carga lúdica y semántica que se le adjudica como vehículo de un mundo manifestado desde la prohibición: no me las puedes decir. Aparece además la mirada, símbolo de revelación íntima y acto preciso para activar el sentimiento erótico; esa que fascina y seduce tanto como expresa.
Ante esa realidad, con el típico giro del desgarro romántico, cuestiona:
Y te apoyas en mi hombro, y me preguntas:
ꟷ¿Estás triste? ¿qué tienes?
ꟷSi no me has dado un beso todavía,
¿Cómo he de estar alegre?
La narrativa de las lágrimas —y sus variantes gimo y lloro, sollozos y lloroso—, que de continuo asoma en Polvo de alas de una…, se leen como represión de un erotismo contenido y frustrado; de una realidad escurridiza y tramposa, a la vez, que bella y sublime. El sentir afiebrado del bardo, posibilita acceder a su intimidad, siempre acosada por las exigencias de unos versos que, a condición de secretos (o discretos), pasa(n) hostigado(s), y huyendo (5, 192). Llora en su propia carne. Describe la desazón de quien permanece en un vacío de realización personal:
Esa rosa que me das
De tu rosal es la flor,
Y estos versos que yo exhalo
Son la flor de mi dolor.ꟷ
Emilio de Armas comenta que —según ha señalado el investigador cubanoamericano Manuel A. Tellechea, traductor de los Versos sencillos— (la musa inspiradora) podría tratarse de la poetisa estadounidense Cecil Charles, quien publicó en 1898 su libro Tuya —donde reunió poemas suyos junto con sus propias traducciones de algunos de los Versos sencillos. Aunque Tellechea no menciona la posible relación de Cecil Charles con los poemas de Polvo de alas…, sí lo hace en cuanto a algunos poemas de los Versos sencillos, y tales poemas —podríamos agregar— muestran rasgos paralelos con algunos de los incluidos enPolvo de alas… (correo dic. 2 del 2025)
Vale, sin embargo, acentuar, que la génesis de este corpus lírico data de 1881. Para la fecha, Martí aún no conoce a Cecil Charles. No es hasta su etapa como profesor de español ꟷen el Central Evening School, de Nueva York (entre 1890 a 1892)ꟷ, que ocurre algún vínculo con la poetisa estadounidense; en particular, porque ella se interesa en traducir Versos sencillos, incluso antes de ser publicados en 1891.
Entre tanto, a juzgar por los cuadernos de apuntes y los Fragmentos que los amplían, el poemario trasciende el marco de toda la década de 1880; por lo que probablemente recoja experiencias que impliquen —no a una—, sino a varias mujeres, tratadas en estos comentarios de modo singular.
Por lo demás, la intertextualidad es común al marco del canon lírico martiano. Disímiles textos contienen conexiones y alusiones entre sí. Todo obedece al misteriosísimo lazo de la concurrencia espacio y tiempo; no solo con Versos sencillos, agregaría también con Versos libres y el Ismaelilloꟷ, tres obras en las que trabaja simultáneamente durante el decenio de los ‘80. Con ayuda de esta terna se comprende incluso mejor esa zona amplia y diversa que integran los versos de circunstancias antes mencionados. Los paralelos figurados revelan la urdimbre misma de las colecciones, y por añadidura, de una realización lírica general. Captar ese talante, es captar la esencia de la cogitatio martiana —en el sentido agustino del término—, que incluye pensamientos, sugerencias y ecos de un texto en otro. Se dinamiza así, el significado global detrás de cada expresión, de cada vocablo, a través de una exégesis intrapoética. En esa tesitura, el tropo real deviene en símbolos (mariposa, polvo, alas, etc.) que se hacen inteligibles al manifestarse en versos. Evocan y representan una realidad sugerida. Se trata de un proceso creativo singularísimo donde la imaginatio externa no importa tanto como el intimismo que la libera. Martí no recalienta los símbolos; ni siquiera los crea; ya existen. Pero no puede expresarlos sino encarnando los sentimientos y emociones, e incluso la espontaneidad, que de modo particular les imprime como poeta.
Existen otros temas, que aunque de menor presencia como son el destierro, la gran ciudad, y quizás la ausencia de la esposa, no llegan a constituirse en asuntos del poemario, pero enriquecen su atmosfera emocional. Verbigracia, estos versos de exilio:
De enfermos no me digas,
Ni de moribundos:
Sino de tanto bravo sin ejército,
Sino de tanto muerto sin sepulcro!
Cabe anotar, en este punto, que fuera de los primeros versos de adolescente, el resto de la poesía martiana es poesía de destierro; creada y estructurada en el marco del ciclo fatídico de lo que él mismo define bajo el precepto del poeta en actos. (20, 64)
En ese ámbito fundamental, en cuanto a intención se refiere, Versos Sencillos es dedicado a la amistad, para leer entre amigos e Ismaelillo, al hijo. Ambos, poemarios muy personales, sí, pero que podían darse a conocer al público; muestras de que las notasde imágenes más íntimas que constituyen Versos libres [EC. I, 223], y estos de Polvo de alas de una gran mariposa, no se revelan; se quedan en la gaveta porque hablan de la persona más íntima luego de sobrevivir los avatares del día. En el caso de Versos libres, tenemos patria, muerte, ciudad, naturaleza, sociedad, amistad, traiciones, deslealtades, entre otros; y en Polvo de alas de una…, encontramos de base amor y erotismo como refugio:
Que de qué madera
Mi féretro has de hacer? Pues yo lo hiciera
De ella, de sus perlados
Brazos, y de sus senos perfumados.
La acuciante pregunta revela experiencia vitales con la amada. Entendamos erotismo, no solo como lo que excita el placer sexual (según la RAE), sino como sinónimo de sensualidad, pasión, voluptuosidad; y por añadidura, la cualidad de ciertos hechos y situaciones que estimulan la capacidad de sentir y provocar deseos que conducen al intimismo. Numerosos vocablos multiplican esa expresión erótica, cargada de sutilezas, de conexiones, sin que necesariamente medie la unión corporal (siento,apoyas, mirarme, pasas, decir, das, exhalo, surjo, amor, perfume, labio, alma, rima, encanta, callada), entre tantas otras imágenes que rozan el borde de lo sublime: esa rosa que me das…, perlados brazos, senos perfumados, tu amor como una torre…, etc. La caricia del ser amado, acercar el rostro, la espera de un beso, involucran los sentidos hasta tocar las fibras más profundas del alma. En consecuencia, afloran las emociones, acentuando que el afecto erótico nace de la carencia, pero conduce a la plenitud: del eros dimana la sexualidad que se libera:
Surjo! —La noche llega, a mí la rima
Retorna, y en la sombra que la encanta,
Tu amor, como una torre, por encima
De la callada tierra se levanta.
El sentido y tono del verso conlleva de manera directa al contenido semántico del mismo. Cada vocablo es fiel a ese contenido. El poeta está situado con todo su mensaje (lenguaje, pensamiento e historia personal), en el que el amor todo lo vivifica por lo que a su sencillez íntima se refiere:
Y hubo ruido: —volaron ruiseñores
Y en el seco floral nacieron flores.—
Toda lectura indica que este poemario es otra de las grandes metáfora del universo martiano. La sensualidad de sus imágenes resulta audaz y singular frente al resto de su obra lírica.
Todo detalle bien cuidado y atendido. A diferencia de la métrica, utilizada en las colecciones que se conocen, en Versos sencillos (versos de arte menor: octosílabos), en Ismaelillo (básicamente pentasílabos y heptasílabos), en Versos libres (endecasílabos), en Polvo de alas de una gran mariposa, hay un combinación métrica asombrosa que va desde trisílabos, tetrasílabos, pentasílabos, heptasílabos, octosílabos, dodecasílabos y alejandrinos, digamos, combinados con estrofas muy específicas, muy concisas, como son el madrigal, la pavana, el epigrama. Y esa sinfonía métrica, esa variedad estrófica es la que sella la singularidad de esta colección.
Polvo de alas de una… no es poemario de transición o de arrebato juvenil, o simples referencias de posibles versos a futuro. El modo distinto con que ensaya la métrica, el estilo, la entonación y la presentación los temas (en especial, amor, erotismo, mujer, belleza, verso) respecto a los tres conocidos, lo ubica como conjunto autónomo dentro del contexto poético martiano. Es otra aproximación al quehacer creador, distinto y no transicional, de vida y no de período, de oficio y no referencial. Quizás sea el que mejor recorre los periplos más convulsos de la vida íntima y pública del poeta que sentencia: Para la poesía:/ Armonía —no artificio (21, 219); subrayando así la sinceridad de cada uno de estos versos:
Cuanto puedo ser, ha sido:
Qué me importa lo demás?
Si el amor es todo mío
Del vaso que se me da?
Muchas lecturas son atractivas. Pero cuidado, a veces escuchar solo frases, y por demás, descontextualizarlas, como comúnmente ha ocurrido, ha llevado a romantizar la obra y a su hacedor, apartándolo de su verdadera esencia humana, en el sentido estrictamente latino del término humano, que significa: de la tierra, natural. Esas lecturas (escurridizas), implican en mucho separarse de la obra:
Éste que voy enterrando
Es mi derecho a gozar:
No me lo despierte nadie,
Que es fuente de todo mal.
Al cierre de la sección Polvo de alas de una… aparece un epigrama que rige la línea amorosa hasta aquí comentada. El poema es como un aparte íntimo que puntualiza un recorrido emocional desmigajado en imágenes y experiencias, a veces de misteriosa belleza, a veces de terribles desamparos:
Libro de amor, que se cierra
Sin nube, mancha ni ocaso,
Fuente pura, limpio vaso,
Vete a consolar la tierra!
Ciertamente, no hay exageración en resaltar la notable desproporción que muchas veces existe entre la biografía y el biografiado, toda vez que se omiten, edulcoran o falsean facetas del personaje en cuestión; especialmente de situaciones o de personas que formaron parte y tema de la propia obra que hoy se nos lega, que hoy nos convoca. En este variado complejo se sitúa Polvo de alas de una… Hay mucho drama que se mueve entre la figura pública (conocida) y el hombre íntimo (ignorado), al punto de que su biografía puede ser completada ꟷo permanecer incompletaꟷ, únicamente desde la poesía. Y concluyo con este epigrama:
Y tú, pobre mujer que sacudiste
Las cuerdas duras de mi lira, ꟷİgracias!
Asomarse a estos temas, incomoda. Es más fácil repetir frasecillas descontextualizadas que aceptar —desconociendo en muchos casos—, la resonancia de unos versos confesados, vívidos, únicos, que no pueden ignorarse arbitrariamente. Se procura, por tanto, descartar lo más pronto posible todo intento por suprimirlos como hechura de tono menor [EC. I, 9]. Sin duda, a condición de mínimos, integran una suerte de contrarrelato que desmantela la narrativa dominante hasta hoy de la vida y obra martiana. Una lectura así restaura la validez en su carácter originario. Solo quien puede crear el verso puede también vivir en el verso.
Bibliografía
De Armas, E. (2018). José Martí. Polvo de alas de una gran mariposa. Miami: Emmanuel. Colección Entre Ríos.
De Armas, E. (1978). Un deslinde necesario. La Habana. Arte y Literatura.
Martí, J. (1975). Obras completas. La Habana, Ciencias Sociales. 27 t. Todos los textos en prosa proceden de la mencionada Edición, de la que se indica número de tomo y paginación.
Martí, J. (1993). Poesía completa, Edición Crítica. La Habana, Letras Cubanas y Centro de Estudios Martianos. I y II. Todos los versos citados proceden de la mencionada Edición Crítica, referida también con las siglas EC.
Tellechea, M. (2015). Martí in Tampa by Cecil Charles. https://cecilcharlesblog.blogspot.com/ Sunday, February 15, 2015.
Adquiera el libro:https://a.co/d/hWwyhvS
José Raúl Vidal y Franco. Nació en La Habana en 1968. Ensayista y crítico. Profesor investigador de la obra martiana. Autor de José Martí: a la lumbre del zarzal (2014) y Los Versos libres de José Martí: notas de imágenes (2015). La Narrativa cubana del Exilio (2015). Otros trabajos suyos incluyen: El ritmo semántico como principio estructurador de los Versos libres (1995). La naturaleza en Martí: motivo de una reflexión (1995). Amor con amor se paga: un proverbio inmenso (1994), Lo de Puerto Príncipe (1994). Dirige la editorial Dos Patrias. Colaborador de Nagari, Revista de Creación Literaria. Vive en el exilio, Miami desde 1998.

