La mediación en Cuba: de la República al Castrismo

MICHELL PÉREZ ACOSTA

En mayo de 1933, Benjamin Sumner Welles III, entonces Secretario de Estado adjunto para América Latina del Gobierno de los Estados Unidos, llegó a La Habana como mediador para buscar una salida negociada a la crisis económica, política y social que vivía Cuba bajo el Gobierno autoritario de Gerardo Machado.

Recurrir a la ocupación militar de la isla por los Estados Unidos bajo el amparo legal de la Enmienda Platt sería el último recurso y no hizo falta. Sumner Welles forzó a Machado a declarar una amnistía para los presos políticos y, en consecuencia, los líderes de la oposición pudieron agruparse contra el dictador. Los generales Alberto Herrera y Julio Sanguily lideraron la escisión del ejército y se sumaron al bloque opositor. A comienzos de agosto ya el país estaba en huelga general. El día 12, Cuba se sacó el clavo: Machado huyó a Nassau. (Con Carlos Manuel de Céspedes y Quesada dando la cara, el gobierno de un mes que vino después sobrevivió al ciclón del ‘33, pero no a la revuelta de los sargentos que, con Fulgencio Batista al mando, puso en el trono de la República una Pentarquía.

La concurrencia que periódico en mano frecuentaba los cafetines de La Habana, de toda Cuba, no dejaría mentir: aún bajo censura, los rotativos más importantes de la época, El País, La discusión, El Mundo (clausurado en 1931 por el Gobierno), La lucha, e incluso el conservador Diario de la Marina, dieron pelea contra el dictador.

Pasó un águila por el mar y el 10 de marzo de 1952, a las puertas de las elecciones presidenciales, el entonces General Fulgencio Batista se llevó por delante con un golpe de Estado no solo el gobierno constitucionalmente establecido de Carlos Prío Socarrás, sino el pavimento de lo que, con sus cimas y simas, sus aciertos e imperfecciones, era ya la ruta democrática de la nación. La concurrencia que periódico en mano frecuentaba los cafetines de La Habana, de toda Cuba, no dejaría mentir: aún bajo censura, los rotativos más importantes de la época, El País, Excélsior, El Mundo, Prensa Libre, e incluso el conservador Diario de la Marina, dieron pelea contra el dictador. 

El 1ro de enero de 1959 un clavo no sacó otro clavo, lo reemplazó en la posta. Y hasta hoy. En mayo de 2026, John Ratcliffe, Director de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos, llega a lo que queda de La Habana que vieron los ojos de Benjamin Sumner Welles III. Llega a lo que queda, ¿queda algo? de la isla donde Gerardo Machado y Fulgencio Batista serían hoy seguidores de mejor maestro. No llega como mediador, llega como mensajero de aquellos que desde Washington intentan buscar una salida negociada a la crisis económica, política y social que vive Cuba bajo el gobierno totalitario - lo demás es paisaje - de la Famiglia Castro.

Raúl Guillermo Rodríguez Castro es el mediador en las negociaciones Cuba/Estados Unidos de mayo de 2026. Carece del refinamiento y los conocimientos de geopolítica de Sumner Welles, se le conoce por el apodo “El cangrejo” y se desconoce si además de la gracia que le concede ser miembro de La Famiglia, tiene alguna otra luz que ilumine sus pasos sobre la tierra. Lo que no se pregunta porque se sabe, es que el tipo va a jalar para los suyos, es decir La Famiglia.

En mayo de 2026, contrario a lo que la evolución de un calendario normal mostraría, no hay en La Habana, no hay en toda la isla concurrencia para cafetines a los que llegar con un periódico cubano que desafíe la censura. ¿Cuánto vale un cortadito en La Habana de mayo de 2026? ¿Hay cafetines en La Habana?, ¿hay café en La Habana? ¿Hay periódicos? ¿Luz eléctrica, agua potable? ¿Alguna pared de Centro Habana que no se nos venga encima? La lista es más larga. Saquemos cuentas. 67 años y contando después del 1ro de enero del ‘59, viendo en el tramo lo visto, las huellas del clavo machadista y el clavo batistiano se ven apenas como arañazos en el cuerpo de la República.

Lo que alivia, si es que alivia, es que estamos en 2026, y los mecanismos y las ideas utilizados para dialogar con La Famiglia que rodilla pelada, pero en tierra, se ha blindado en el poder en Cuba, pueden ahora apelar a tal sofisticación y refinamiento (superiores incluso a los de Benjamin Sumner Wells III) que se torna innecesaria por obsoleta la mediación de un crustáceo entre Raúl Castro y los Estados Unidos. Que colaboren entre ellos e intercedan a favor del pueblo de Cuba, los mecanismos de geolocalización de los GPS y las ideas que llevan en la cabeza los Tomahawks. 


Michell Pérez Acosta (Boyeros, La Habana, Cuba. 1970). Ha ganado premios literarios en el género Poesía en Cuba y España. Textos suyos aparecen en antologías, revistas literarias y otras publicaciones periódicas de –que sepa el autor– Cuba, España, México, Costa Rica y Estados Unidos. Fe voluble obtuvo Mención en el Concurso Internacional de Poesía Lamás Médula (Buenos Aires, Argentina. 2013). Su libro Pasajero del Invierno se publicó en Cuba en 2001. Es Licenciado en Historia por la Universidad de La Habana.

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